Sebastián Driussi acumula cinco desgarros en 16 meses y, con el último diagnóstico de desgarro en el isquiotibial derecho, suma casi 150 días y 25 partidos afuera, según La Nación. Si se respetan los plazos estimados de recuperación de 20 días, quedará al margen de cuatro compromisos oficiales: dos por el Torneo Apertura y dos por la Copa Sudamericana, incluidos los viajes a Brasil y Venezuela. Este dato central no es solo una estadística: obliga a interrogar cómo se gestionan la carga física, los protocolos médicos y la planificación deportiva en un club que compite en tres frentes.
¿Qué muestran las lesiones de Driussi sobre la gestión física y médica en River?
Las cifras ilustran una doble lectura. Según La Nación, Driussi convirtió 6 goles en 494 minutos con Eduardo Coudet —un promedio de uno cada 82 minutos— y 10 goles en 2.151 minutos con Marcelo Gallardo —uno cada 215 minutos—. Esa comparación temporal revela que su eficacia aumentó con continuidad, pero la disponibilidad física no acompañó: cinco desgarros en 16 meses y un esguince que lo marginó 56 días, de acuerdo a La Nación. Además, el pase se concretó por algo más de 10 millones de dólares, según la misma crónica, lo que convierte la inversión en un asunto dirigencial. No es momento de buscar culpables individuales: es momento de exigir protocolos claros, historial de rehabilitaciones accesible para comisiones internas y criterios públicos de manejo de cargas. Reclamamos transparencia; los socios y la competencia merecen saber bajo qué estándares se decide la utilización de un futbolista clave.
¿Cómo impacta esto en el calendario y en la Copa Sudamericana?
Si se cumplen los plazos médicos de 20 días mencionados por La Nación, Driussi se perdería los partidos contra Aldosivi y Atlético Tucumán por el Apertura y las visitas a Bragantino y Carabobo por la Sudamericana. La proyección numérica —cuatro partidos decisivos— obliga a River a reconfigurar plantel y estrategia. La Nación destaca que desde la asunción de Coudet Driussi aportó 6 de los 13 goles del equipo —casi el 50 por ciento, según la misma fuente—, lo que confirma su peso en el diseño ofensivo. Aquí vuelve a aparecer un problema conocido: calendarios apretados, viajes largos y competencias simultáneas exigen profundidad de plantel y planificación médica integrada. Reclamamos planificación y transparencia dirigencial en la AFA y los clubes para coordinar calendario, contrataciones y cuidados médicos; sin eso, la carga recae siempre sobre los mismos jugadores y, finalmente, sobre el rendimiento del club en torneos internacionales.
¿Es un problema del jugador o del sistema de gestión?
Las lesiones repetidas tienen componentes personales y sistémicos. Driussi tiene 30 años y volvió al fútbol argentino tras ocho años y medio en el exterior, según La Nación; la adaptación física y biomecánica puede jugar en contra. Pero los antecedentes son elocuentes: desgarros repetidos en la pierna izquierda y ahora en la derecha, un esguince severo en el tobillo (56 días de recuperación según La Nación) y un total de cinco desgarros en 16 meses. Eso sugiere fallas en el seguimiento a largo plazo, planificación de cargas y tal vez decisiones de gestión deportiva que priorizan partidos a corto plazo. No se trata de estigmatizar al futbolista: es exigir a los clubes que publiquen protocolos de prevención, criterios de vuelta a la competencia y planes alternativos cuando una pieza clave queda fuera. Reclamamos que la salud del jugador no sea variable de ajuste en calendarios sobrecargados y que la dirigencia rinda cuentas sobre inversiones económicas y deportivas.
En síntesis, el caso Driussi combina un problema físico recurrente con una deuda institucional. Las cifras —cinco desgarros en 16 meses, casi 150 días fuera, 6 goles en 494 minutos con Coudet versus 10 en 2.151 con Gallardo, según La Nación— no solo cuentan lesiones: muestran un síntoma de cómo se administra el fútbol profesional. Reclamamos planificación y transparencia dirigencial; sin eso, los clubes pagan con resultados y los jugadores con su salud.