La convocatoria de Lionel Scaloni para el Mundial 2026 está prácticamente cerrada: 22 de los 26 puestos aparecen como casi definidos y cuatro plazas quedan en disputa, según publicó La Nación el 16/4/2026 (según La Nación). Además, la FIFA mantiene el cupo en 26 jugadores para la competencia (según la FIFA).
Qué nombres parecen adentro y qué certezas técnicas ofrecen
En la última línea, los nombres que aparecen como fijos son Nahuel Molina, Gonzalo Montiel, Nicolás Otamendi, Lisandro Martínez, Leonardo Balerdi, Nicolás Tagliafico y Cristian Romero, y en el arco Emiliano Martínez y Gerónimo Rulli con Juan Musso como probable tercer arquero (según La Nación). Esta base combina experiencia internacional con variantes defensivas que permiten líneas de cuatro o cinco. La presencia de Marcos Acuña aparece como opción táctica también por la dificultad de encontrar un relevo fiable para Tagliafico, según la nota.
Tácticamente, esa estabilidad defensiva da a Scaloni la posibilidad de mantener presión alta y salida limpia desde el fondo; la lesión de grado 1 en el ligamento colateral interno de la rodilla derecha de Romero obliga a manejar tiempos y a calibrar su regreso para no comprometer el proyecto a largo plazo (según La Nación).
¿La polifuncionalidad marca la diferencia en esta lista?
La mitad de la cancha y los extremos son territorios donde la versatilidad pesa más que el talento puro. Rodrigo De Paul, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Exequiel Palacios y Leandro Paredes forman el núcleo del mediocampo, con Thiago Almada y Nico Paz como alternativas de creación (según La Nación). En ataque, Lionel Messi, Julián Álvarez y Lautaro Martínez parecen indiscutibles, aunque Messi declaró que irá “día a día” y su participación sería su sexta Copa del Mundo si finalmente concurre (sería su sexta, según La Nación).
La valoración de jugadores como Nicolás González y Giuliano Simeone responde a su capacidad para desempeñarse en múltiples roles: pueden jugar como carrileros en línea de cinco, volantes por afuera o extremos, y eso reduce la necesidad de plazas de recambio puras. En un Mundial donde la regla volvió a permitir 26 futbolistas —a diferencia de 2018, cuando la lista era de 23 jugadores (según la FIFA)— esa polifuncionalidad se transforma en un activo estratégico.
Quiénes pelean los últimos lugares y qué impacto tienen las lesiones
La definición del plantel se complica en las últimas plazas: La Nación enumera por lo menos seis candidatos claros para completar la lista final (Franco Mastantuono, Máximo Perrone, Facundo Medina, Marcos Senesi, Gianluca Prestianni y Giovani Lo Celso), y de ellos saldrá el jugador número 26 (según La Nación). La importancia de contar con recambios fiables en puestos concretos es clara: la rotura del ligamento cruzado anterior que sufrió Joaquín Panichelli abrió una vacante que condicionó convocatorias.
Las decisiones médicas y la comunicación sobre el estado físico de los jugadores (lesiones de Romero, la recuperación de Lo Celso y la condición de Messi) obligan al cuerpo técnico a trabajar con plazos que muchas veces se superponen con calendarios de clubes y agendas internacionales. Cada informe médico, por tanto, tiene peso directo en la confección final.
Qué puede exigir la AFA y qué pedimos desde la columna
La selección es un bien público del fútbol argentino: su armado no puede quedar sometido a especulaciones o silencios administrativos. Reclamamos planificación y transparencia dirigencial en la AFA sobre cómo se toman las decisiones médicas y deportivas que afectan la lista final, así como claridad respecto al seguimiento de lesiones y los criterios para incluir jugadores versátiles o lesionados (posición ya expresada en notas previas sobre dirigencias deportivas). La comunicación clara ayuda a socios, clubes y afición a entender por qué se elige a determinados futbolistas.
Además, la combinación entre experiencia (jugadores campeones en Qatar) y la incorporación de jóvenes polifuncionales plantea a la AFA la necesidad de coordinar plazos con clubes y presentar informes médicos públicos que permitan a la hinchada seguir el proceso con criterios conocidos. Tenemos por delante un torneo donde la planificación y la transparencia no son decorado: son parte del rendimiento colectivo.