Una nena de 6 años que fue atacada por un perro pitbull en el barrio Los Pumitas recibió el alta del Hospital de Niños Zona Norte y volvió a su casa el miércoles 26/3/2026, según contó su madre en Telenoche Rosario (El Tres). La familia dice que la criatura sigue asustada; la dueña del perro ofrece otra versión de los hechos y pide colaboración para el animal, lo que dejó a la cuadra en medio de versiones contrapuestas.

Versiones cruzadas: qué dijeron la familia y la vecina

La mamá, Alejandra, dijo en Telenoche Rosario que su hija “recibió puntos de sutura en la cabeza y en la nalga derecha” y fue curada en las dos piernas y el brazo derecho; además la mordida rozó la zona cercana al ojo (según Alejandra, entrevista en El Tres). La niña tiene 6 años (según la madre) y, según el relato familiar, estaba en una casita de madera cuando otra nena fue a buscarla y el perro atacó. “Cuando la llevé al hospital pensé que la perdía”, contó Alejandra; esa frase muestra el impacto humano que quedó más allá de las heridas físicas.

La versión de la vecina Marlene, dueña del perro, es distinta: afirma que tras un primer ataque ella intervino y que el animal la soltó; luego, cuando familiares de la niña subieron a su casa y manipularon al perro, fue cuando éste mordió de nuevo “en la piernita”, dijo Marlene. El animal se llama Rocky y tiene 1 año, según la dueña. Marlene agregó que siempre se ofrecieron a afrontar gastos médicos y que el perro fue llevado a IMUSA, que por ahora lo atiende pero “no da una solución de dónde dejarlo”, y dejó el contacto 3413921728.

¿Qué responsabilidades institucionales están en juego?

IMUSA aparece en el relato como el lugar donde quedó Rocky a la espera de una resolución; según la vecina, el instituto está atendiendo al perro pero no define su destino. Esa descripción plantea una pregunta institucional: ¿quién garantiza simultáneamente la protección de la víctima y el cuidado del animal cuando hay conflicto? Vemos un vacío de coordinación entre salud pública, control animal y políticas de seguridad barrial que deja a vecinos y familias en incertidumbre. Los protocolos municipales deberían aclarar plazos y responsabilidades: atención médica de la víctima (ya brindada por el Hospital de Niños Zona Norte), custodia del animal y comunicación pública sobre riesgos y medidas preventivas.

Los relatos cruzados también complican una respuesta rápida y transparente: la familia dice que nunca antes había ocurrido algo similar en esa casa, mientras la dueña asegura que el perro “no andaba en la calle”. Esa diferencia de percepciones obliga a una investigación imparcial que determine circunstancias objetivas, sin refugiarse en versiones oficiales unilaterales.

Impacto humano y recomendaciones desde el barrio

Más allá de las versiones, la escena tiene un rostro humano claro: una nena de 6 años que volvió a su casa asustada y una familia que vive la angustia post-intervención quirúrgica. Los vecinos cuentan que el perro ladraba “todas las tardes”, pero ninguno esperaba una agresión de esta magnitud; la madre repitió que la niña estaba jugando y que no imaginó perderla cuando la llevó al hospital. En barrios como Los Pumitas, la presencia estatal —servicios de salud, control animal y políticas de convivencia— es clave para evitar que un hecho así derive en conflicto social.

Recomendamos que el municipio y IMUSA publiquen en forma clara los pasos a seguir: plazos para determinar la situación del animal, quién cubre los gastos médicos si corresponde, y protocolos de contención psicosocial para la víctima. También pedimos que la cobertura mediática respete la dignidad de la familia y evite el morbo: las víctimas tienen nombre y miedo, y eso debe ser el punto de partida para la respuesta pública.

Conclusión: lo urgente y lo estructural

La alta médica del miércoles 26/3/2026 y la salida de la niña a su casa cierran una etapa urgente, pero abren otra: la resolución del destino del perro y la clarificación institucional. Exigimos que el Estado actúe con protocolos claros y comunicación pública para proteger a vecinos y víctimas, y que IMUSA informe plazos y opciones para evitar que el conflicto se traslade a la calle. Mientras tanto, en la cuadra quedan las dos versiones y una nena de 6 años que necesita tiempo y contención para dejar de estar asustada.