Italia no estará en el Mundial por tercera vez consecutiva: tras empatar 1-1 en 120 minutos con Bosnia-Herzegovina en Zenica, perdió 4-1 en la tanda de penales y consumó una ausencia que acumula 2018, 2022 y 2026 (según La Nación). Esta sentencia deportiva no es solo un golpe a la historia —la Azzurra suma cuatro títulos mundiales en su palmarés— sino la confirmación de un proceso que viene fallando desde hace más de una década.

¿Qué pasó en Zenica y qué dice el resultado?

En lo inmediato, el partido exhibió decisiones que marcaron el destino: la roja directa a Alessandro Bastoni a los 41 minutos y la inferioridad numérica condicionaron la propuesta italiana (según La Nación). Italia se adelantó con un gol de Moise Kean, que venía en racha —la nota indica seis goles en los últimos cinco partidos— pero el empate de Bosnia llegó a 11 minutos del final y la definición fue a penales (1-1 en 120 minutos, 4-1 en penales; según La Nación). Hubo 9.000 espectadores en el estadio de Zenica, cifra que explica el formato austero del encuentro y subraya la dimensión continental de esta eliminación. Tácticamente vimos a Italia perder control en el medio, depender de transiciones individuales y sufrir con centros al área, factores que el rival explotó cuando quedó con uno más.

¿Es un problema solo de jugadores o hay asunto de sistema?

No alcanza con señalar nombres: la exclusión repetida revela un problema de producción futbolística. Italia ganó cuatro Copas del Mundo (1934, 1938, 1982, 2006) según FIFA, pero la transición de sus canteras a equipos top europeos se ha atascado; hoy la selección no dispone de demasiadas individualidades capaces de decidir un partido a solas, y la profundidad de plantel es limitada. La Azzurra cayó en fases de grupos en 2010 y 2014, no logró la repesca en 2018 y 2022 y esta vez falló otra vez en la instancia final (según La Nación), un patrón temporal que exige ver más allá del resultado puntual. La formación juvenil, la oportunidad para talentos en los clubes y la coherencia entre federación y clubes son variables que muestran alerta.

¿Qué responsabilidad tienen los dirigentes y entrenadores?

La sucesión de fracasos apunta también a problemas dirigenciales: cambios de ciclo mal gestionados, selecciones técnicas que no consolidan proyectos largos y decisiones de convocatoria que a veces priorizan urgencias. Gennaro Gattuso pidió disculpas tras la eliminación (según La Nación), pero la autocrítica individual no reemplaza planes de fondo. Hoy el Mundial 2026 se amplía a 48 selecciones (aprobado por FIFA), una circunstancia que paradójicamente no benefició a Italia; la ampliación, documentada por la propia FIFA, reconfigura oportunidades pero no corrige desbalances estructurales. Reclamamos, desde nuestra perspectiva, planificación y transparencia dirigencial: rendición de cuentas, inversión en juveniles y protocolos claros para la transición de jugadores a la selección.

¿Qué futuro plausible tiene la Azzurra y por qué nos importa esta discusión?

La ausencia de Italia interpela a cualquier afición que entiende al fútbol como identidad: cuando un gigante tropieza, hay que leer causas y consecuencias. El objetivo inmediato debe ser reconstruir una base técnica y táctica, priorizar la formación local y diseñar un proyecto deportivo con metas medibles. Pedimos —coherentes con nuestras posiciones sobre otras dirigencias deportivas— que se instauren auditorías deportivas y planes plurianuales con indicadores (rendimento juvenil, minutos de formación, número de convocados jóvenes), y que la prensa y las instituciones exijan transparencia. No se trata de nostalgia: se trata de reconocer que un país con cuatro Mundiales puede y debe volver a competir desde la planificación, no desde la improvisación.