La presentación de «Vale la pena. Ensayos sobre la militancia, el compañerismo y el porvenir» de Sebastián Artola será el jueves a las 19.30 en la librería Mal de archivo, ubicada en Urquiza 1613. La entrada es libre y gratuita, y el autor estará acompañado por Gloria Canteloro, ex presa política, y el periodista Santiago Garat, integrante de H.I.J.O.S. Rosario (según El Ciudadano, 13/4/2026). Este primer dato resume el hecho: un espacio local convoca a pensar 50 años del golpe militar y el rol del movimiento popular.
¿Qué propone el libro y quiénes participan?
«Vale la pena», publicado por Editorial Orilla Brava en 2026, reúne ensayos sobre compromiso político, vínculos militantes y proyección colectiva. En el prólogo el autor plantea la necesidad de un “nuevo y necesario pensamiento político-militante” que permita abrir horizontes frente a los tiempos actuales. La presentación en Mal de archivo busca traducir esas ideas a un intercambio con la comunidad. Participan tres voces confirmadas: el autor y dos referentes locales, lo que facilita un diálogo directo con el público y prioriza la memoria viva. La convocatoria en una librería independiente subraya la importancia de los espacios culturales autogestionados como nodos de debate y tejido social, más allá de los formatos formales de la política institucional.
¿Por qué 50 años importan hoy?
El acto se inscribe en el marco de los 50 años del golpe de Estado de 1976 —un hito que marca 1976 versus 2026 y obliga a revisar continuidad y ruptura en la política argentina—. A esa cifra temporal se añade la persistencia de la demanda por verdad y justicia: organizaciones de derechos humanos mantienen la cifra de cerca de 30.000 desaparecidos como marca central de la memoria (según organismos de derechos humanos). El período dictatorial comprendió entre 1976 y 1983, es decir 7 años de represión institucionalizada, lo que explica por qué la conmemoración no es solo simbólica sino una demanda política y educativa. Pensar 50 años implica interrogar cómo la militancia y las organizaciones populares reconstruyen relatos, preservan pruebas y transmiten enseñanzas en contextos donde la desigualdad y la precariedad siguen moldeando territorios.
Memoria, militancia y los espacios culturales: ¿qué falta?
Vemos en este tipo de encuentros una tensión conocida: la memoria se sostiene tanto en ámbitos judiciales como en circuitos culturales. Por un lado, actos y libros recuperan testimonios y marcan agendas. Por otro, la capacidad de sostener estos espacios depende de condiciones materiales. En Rosario y en otras ciudades, las librerías y centros culturales funcionan a pulso; la iniciativa privada y la autogestión completan un mapa donde el Estado está ausente con frecuencia. Exigimos, como sostuvimos anteriormente, que el Estado sostenga espacios culturales públicos donde la memoria y la literatura se encuentren para reparar y educar. Sin ese respaldo, la responsabilidad recae sobre vecinas y vecinos que ya cubren necesidades en educación y contención emocional.
La presentación de Artola es una oportunidad para escuchar a quienes militan y a quienes sufrieron la represión. También es un pequeño termómetro: una librería que convoca, tres oradores que matriculan experiencia y una comunidad dispuesta a debatir. Más allá del evento puntual, lo que hace falta es política sostenida que garantice infraestructura, programación y salarios para bibliotecarias, bibliotecarios y trabajadores culturales. Solo así la memoria será una política pública, y no un acto que se celebra cuando algunos todavía pueden sostenerlo con esfuerzo propio.
En ese sentido, la convocatoria de Mal de archivo el jueves a las 19.30 no es un dato menor: confirma la vitalidad de los espacios locales y recuerda la urgencia de traducir la memoria en políticas. Si la ciudadanía se organiza, el Estado debe acompañar con recursos y marcos que conviertan estos encuentros en prácticas permanentes y accesibles para todas y todos.