La actividad económica retrocedió 2,9% interanual en febrero, y además mostró una baja desestacionalizada de 0,5% frente a enero, según el Índice General de Actividad de la consultora Orlando J. Ferreres & Asociados. Esta contracción interrumpe la mejora que había mostrado enero, cuando el INDEC reportó una suba interanual del 1,9%. El primer bimestre acumuló una caída del 1,9% frente al mismo periodo del año anterior, lo que pone en duda la consistencia del repunte anunciado por Nación.

¿Qué muestran los números?

Los datos dejan una lectura clara: la recuperación, si existió, fue frágil y heterogénea. Según Orlando J. Ferreres & Asociados, febrero marca una caída interanual de 2,9% y un retroceso mes a mes desestacionalizado de 0,5%. En contraste, el INDEC había comunicado una suba interanual de 1,9% en enero, lo que plantea una comparación directa: un mes positivo seguido por otro negativo altera cualquier proyección anual. Además, el informe señala que el primer bimestre acumuló una retracción del 1,9% interanual, un dato que complica la viabilidad de la meta de crecimiento oficial para 2026.

¿Por qué la contracción pega más en el mercado interno?

El golpe se concentra en los motores ligados al consumo y a la producción para el mercado doméstico. La industria manufacturera registró un desplome interanual del 7,9%, arrastrada por maquinaria, equipos y alimentos; el comercio mayorista y minorista cayó 6,9%; y Electricidad, Gas y Agua retrocedió 5,6% por menor demanda residencial y productiva — todas cifras de Orlando J. Ferreres & Asociados. En cambio, la construcción y el transporte apenas mostraron variaciones positivas marginales alrededor del 0,7%. Esta combinación sugiere que la demanda interna está debilitada: salarios reales estancados, financiación del consumo restringida y, en algunos sectores, competencia importada que presiona precios y ventas (ver nota: “Apertura de importaciones y caída del consumo profundizan la crisis de las ferreterías”).

¿Qué sectores sostienen el crecimiento y qué implica para la provincia?

Los rubros vinculados a exportaciones aparecen como los que sostienen el desempeño relativo. Minas y Canteras creció 12,6% interanual, la agricultura aportó 6,7% por la cosecha, y la intermediación financiera avanzó 8,8% — datos consignados por la consultora. Ese empuje externo no necesariamente traduce mejoras territoriales homogéneas: Santa Fe se beneficia por su perfil agroexportador, pero la provincia también depende de la actividad manufacturera, el empleo público y el consumo interno. Si la recuperación no se traduce en más empleo industrial o mejores salarios reales, el efecto sobre el comercio local y la recaudación provincial será limitado.

Qué pedimos desde la perspectiva provincial

Frente a esta doble velocidad, reclamamos medidas claras y transparentes que protejan el poder adquisitivo y activen la demanda. Exigimos políticas que combinen asistencia focalizada a la industria —para evitar cierres y pérdida de empleo— con reglas claras sobre importaciones que no desarmen la producción local. Además, las paritarias y los salarios públicos deben ser prioridad: sin recuperación salarial real, el consumo no remontará. Finalmente, la planificación fiscal y las transferencias Nación-Provincia tienen que ser previsibles y transparentes para que Santa Fe pueda compensar la caída de la demanda interna donde sea necesario.

En síntesis, los números de febrero muestran que la economía está partida: sectores exportadores avanzan, pero la industria y el consumo retroceden. Sin intervenciones públicas que protejan salarios y sostengan la producción doméstica, la meta de crecimiento para 2026 corre riesgo y la recuperación, si llega, será incompleta.