Tres domicilios particulares fueron blanco de disparos entre las 21 y las 23 del miércoles en los barrios San Martín, Tablada y Santa Lucía de Rosario. No se registraron personas lesionadas, pero sí daños materiales y numerosas vainas servidas recogidas por las fuerzas: fue una secuencia de tres ataques en dos horas, según el relevamiento de El Ciudadano y los informes policiales.

Qué pasó en cada punto

El primer ataque ocurrió a las 21 en Padre Ricardo Giaccone al 1800, a una cuadra de Batlle y Ordóñez. “Dos hombres que circulaban en una motocicleta gris efectuaron una ráfaga contra la fachada”, detallaron desde el Cuerpo de Guardia de Infantería (CGI) y consignó El Ciudadano. En el lugar se secuestraron siete vainas servidas de calibre 9 mm, se contabilizaron seis impactos visibles en la fachada y dos balas atravesaron las paredes y quedaron alojadas en el interior del domicilio, según el informe de la policía.

A las 22 se produjo el segundo ataque en la cuadra de Garibaldi al 200, en Tablada. El Comando Radioeléctrico encontró siete vainas sobre el pavimento y siete orificios de bala en el frente de una vivienda deshabitada. La causa quedó radicada en la comisaría 16° y la Policía de Investigaciones (PDI) realizó pericias de balística y fotografía, de acuerdo con el parte oficial.

¿Es la zona sur un lugar más expuesto a estos ataques?

Los tres incidentes se concentraron en la zona sur y ocurrieron en el lapso de dos horas, una secuencia que genera alarma vecinal. En el extremo oeste, a las 23, una mujer denunció detonaciones en Patricia Chialvo al 2200; los agentes verificaron varios impactos en el portón y las cámaras cercanas no permitieron identificar a los responsables en una primera instancia.

Comparado con la percepción vecinal de meses anteriores, los vecinos aseguran que los episodios con armas de fuego se repiten con más frecuencia en la zona sur, aunque no existe al momento una estadística pública local que permita confirmar esa tendencia con cifras oficiales. Lo verificable es la concentración temporal: tres ataques entre las 21:00 y las 23:00, según los reportes policiales citados por El Ciudadano.

La voz de los vecinos y el impacto humano

Vecinos consultados por este medio expresaron miedo y desgaste: muchos prefieren no dar nombre por temor a represalias. “No es lo mismo escuchar una detonación que encontrar un plomo en la pared”, dice una vecina que vive a dos cuadras de Garibaldi; testimonios así muestran el efecto cotidiano del delito sobre la vida barrial. Las casas atacadas tuvieron daños materiales —ventanas, portones, muros— y en un caso proyectiles quedaron alojados dentro, lo que evidencia el riesgo de una tragedia evitada por azar, según la inspección policial.

Contar los hechos no es suficiente: hay que escuchar a quienes viven la inseguridad. La respuesta institucional debe atender esa dimensión humana, acompañando con medidas que no se agoten en el despliegue represivo.

Qué tiene que hacer el Estado ahora

Vemos necesario que la investigación avance con rapidez: la PDI ya realiza peritajes, pero los vecinos reclaman medidas preventivas y transparencia en la investigación. Exigimos planificación, transparencia y presencia estatal sostenida combinadas con diseño urbano y participación vecinal para prevenir la violencia, coherente con nuestra posición sobre seguridad.

Eso incluye: compartir datos sobre avances de las causas, reforzar la iluminación y cámaras en puntos críticos, y programas sociales sostenidos que reduzcan la posibilidad de que la calle sea campo de disputas armadas. No proponemos solo más presencia policial; proponemos una respuesta integral que combine investigación criminal con políticas públicas y escucha vecinal. Mientras tanto, las familias afectadas requieren protección y reparación por los daños materiales pendientes.