Una delegación de organismos internacionales vinculados al proyecto TUC recorrió barrio Moreno para conocer las obras de infraestructura verde y el proceso de urbanización que, desde 2015, según el municipio, beneficia a 1.400 familias. La visita del 23 de abril incluyó recorridos por cuatro pasillos intervenidos, la plaza de Moreno y Biedma y una presentación en el Bosque de los Constituyentes. El objetivo declarado fue aprender de la experiencia local —aciertos y errores— para su potencial réplica en otras ciudades de la alianza.

¿Qué se hizo en barrio Moreno?

El trabajo en barrio Moreno combina obras de urbanización iniciadas en 2015 con intervenciones de infraestructura verde en pasillos y veredas. Según El Ciudadano y la Secretaría municipal, se intervino en cuatro pasillos con instalación de pérgolas, aleros, espalderas, canteros y macetas con especies nativas; además se plantaron árboles en el perímetro de manzana y se instalaron sensores para temperatura, humedad y calidad del aire. La urbanización previa incluyó pavimento y tendido de redes (agua, cloacas, electricidad) que, según el municipio, consolidaron un plan que hoy alcanza a 1.400 familias. La obra pública también contempló la plaza en Moreno y Biedma y mejoras en la Agrupación Infantil Oroño, trabajos planteados mediante jornadas participativas con vecinos y organizaciones locales.

¿Sirve para mitigar el calor y las lluvias?

La lógica técnica es clara: aumentar superficie absorbente y sumar vegetación en espacios de uso común mejora la permeabilidad del suelo, facilita la infiltración del agua de lluvia y baja temperaturas locales por sombreo y evapotranspiración. Las autoridades municipales —Luciano Marelli y Andrea Paoloni— sostienen que estas medidas mejoran el confort térmico dentro de los pasillos y en algunas viviendas donde se instaló infraestructura. Además, la intervención está alineada con el Plan Local de Acción Climática municipal y, según la visita, aporta insumos para replicar medidas de adaptación y resiliencia frente a olas de calor y lluvias extremas. En términos de escala, el proyecto TUC financió intervenciones en seis ciudades de América Latina, lo que permite comparar resultados y metodologías entre contextos distintos para medir eficacia.

¿Qué falta para replicarlo y quién lo financia?

El proyecto TUC está financiado por la Iniciativa Climática Internacional (IKI) del Ministerio de Ambiente de Alemania y, en América Latina, apoyó seis ciudades: Buenos Aires (Barrio 20) y Rosario (Moreno) en Argentina; Recife y Teresina en Brasil; León y Naucalpan en México. Esa financiación fue clave, pero la visita mostró que el éxito depende también de continuidad operativa y mantenimiento: las vecinas y los vecinos fueron capacitados para el cuidado, pero el Estado local debe garantizar recursos, herramientas y acompañamiento técnico para sostener las plantaciones y los sensores. Vemos que, desde la apertura de calles en 2015 hasta hoy, la intervención integró servicios básicos y espacio público; ahora el desafío es traducir este aprendizaje en políticas con presupuesto recurrente, no en proyectos puntuales.

Para que la experiencia no quede aislada se necesitan dos condiciones: primero, políticas públicas con asignación presupuestaria estable para mantenimiento urbano y monitoreo ambiental; segundo, un esquema de réplica que combine financiamiento internacional inicial con contrapartida y planificación municipal a mediano plazo. Si no hay continuidad, el riesgo es que la vegetación muera, los sensores queden sin calibración y el aprendizaje participativo se diluya.

Cierre y perspectiva

La recorrida de la delegación internacional pone en valor un proceso construido con vecinos desde 2015 y financiado por la IKI, pero nos recuerda que la mitigación y adaptación al cambio climático requieren presencia estatal sostenida. Exigimos que esas experiencias se traduzcan en políticas públicas con presupuesto, formación y mantenimiento permanente, y que la ciudad comparta protocolos y datos para evaluar resultados en el tiempo. Solo así la infraestructura verde dejará de ser una intervención aislada y se convertirá en una herramienta real de resiliencia urbana para barrios que históricamente tuvieron menos acceso a espacios verdes y servicios.