Será el miércoles 22 de abril de 2026 a las 10 en el Centro Cultural El Obrador (Espinillo 4239): allí se presentará Mapic, el árbol que estuvo siempre, un libro híbrido entre poesía y relato testimonial escrito y compilado por la periodista y poeta Lara Pellegrini y por Ruperta Pérez, subcoordinadora general de la Dirección Municipal de Pueblos Originarios, según El Ciudadano (20/4/2026). La edición fue gestada e impresa en el barrio y propone lecturas, talleres y música en vivo como parte de la programación de la semana de los pueblos originarios en Rosario. El primer párrafo responde qué es, cuándo y dónde: la información central está confirmada por la nota de la fuente local.

¿De qué se trata el libro?

Mapic surge de una serie de entrevistas a vecinos y vecinas de la comunidad qom del barrio Toba de zona oeste de Rosario, con relatos que repasan recuerdos del monte, historias contadas por abuelos y anécdotas de infancia, y comparaciones con la vida urbana actual, de acuerdo con El Ciudadano (20/4/2026). En la propia presentación la noticia destaca a cinco personas entrevistadas: Arsenio Borgez, Silvia Aguirre, Dina Naporichi, Noelia Naporichi y la misma Ruperta Pérez, que además acompañó las entrevistas; ese dato de cinco relatos guía la estructura testimonial del volumen. El mapic, el algarrobo, aparece como hilo conductor de las historias y como símbolo de saberes compartidos; la obra intenta convidar un pasaje poético sobre la vida del pueblo qom, su memoria y sus miradas.

¿Qué significa esto para el barrio Toba y la ciudad?

Vemos en Mapic una apuesta a la visibilidad local: el libro fue gestado e impreso en el barrio y en el Centro Cultural El Obrador, espacio municipal ubicado en Espinillo 4239 y dependiente de la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario, según la nota de prensa. Esa decisión de producir en el territorio no es anecdótica: fortalece la participación comunitaria y reduce la distancia entre autores, entrevistados y público. Para los vecinos del Toba, la circulación de relatos propios ayuda a revertir la narrativa externa que muchas veces deshumaniza; además, la presentación en la semana de los pueblos originarios inserta la obra en una agenda cultural que busca poner en primer plano lenguas y prácticas tradicionales. No hay un registro público único que cuantifique actividades anuales por barrio, pero la espontaneidad del proyecto indica una lógica de trabajo desde abajo y con apoyo institucional.

¿Cómo se hizo el libro y quiénes participan?

El volumen contó con un equipo amplio y diverso: según El Ciudadano la idea y el concepto pertenecen a Leticia Kettle, Mariela Mangiaterra, Lara Pellegrini y Ruperta Pérez; las entrevistas las realizaron Pellegrini y Pérez; los textos los escribió Pellegrini; la edición estuvo a cargo de Tania Scaglione; la traducción y lectura en qom laqtaac, de Ruperta Pérez; la lectura en español, de Sonia Scarabelli; la grabación y edición de audios, de Adolfo Corts; las ilustraciones, de Elsa Albornoz y Verónica Benito; y el diseño y maquetación, de Patricio Escobedo, además de la presentación musical de Vicky y Yiyo Alancay y Lorenza. Si contamos las personas nombradas en la nota, el proyecto reúne 17 colaboradores identificados, lo que muestra una trama colectiva de producción editorial y cultural. El libro incorpora además audios en dos lenguas —qom laqtaac y español— accesibles mediante códigos QR impresos en el volumen, una solución técnica que facilita el acceso a la oralidad.

¿Qué impacto puede tener y qué falta desde la política pública?

La presentación programada para el 22 de abril de 2026, además de ser un acto cultural, es una intervención pública que plantea dos demandas: continuidad y políticas sostenidas. Apoyamos que estas iniciativas se sostengan en el tiempo con políticas culturales y educativas firmes que acompañen la transmisión de saberes y lenguas originarias; la experiencia muestra que un proyecto hecho en el barrio puede generar más confianza y participación que operaciones externas. Al mismo tiempo, falta sistematizar apoyos: fondos estables para traducción, programas de formación de lectores en lenguas originarias, y bibliotecas comunitarias con acceso digital. La obra es un buen paso en 2026, pero su impacto será mayor si se traduce en líneas de trabajo permanentes desde la municipalidad y la provincia, con seguimiento y evaluación pública, y con la voz de la comunidad al centro de las decisiones.