La exministra María Migliore planteó en Radio 2 que la escuela y el club de barrio son las instituciones desde donde se puede reconstruir el tejido social y destacó la capilaridad de los clubes: «tenés un club de barrio en cada rincón de la Argentina», dijo, y mencionó 12.000 clubes registrados (según Migliore). En una síntesis: propone profesionalizar la política social, regularizar la situación jurídica de muchos clubes y usar la Asignación Universal por Hijo para crear una beca deportiva que facilite la inscripción y la trazabilidad.
¿Por qué los clubes son una “tecnología social”?
Los clubes de barrio combinan presencia territorial, actividad deportiva y vínculos familiares; por eso Migliore los define como la mejor tecnología social que tiene el país. Ese anclaje local permite identificar chicos en riesgo, promover la escolaridad y ofrecer un espacio de contención donde las escuelas no llegan por sí solas. La fortaleza está en la red: 12.000 clubes registrados, según la propia exministra, representan nodos donde confluyen voluntariado, infraestructura y saber local. Desde nuestro lente territorial vemos que esa distribución es clave en barrios con escasa oferta estatal permanente: no se trata sólo de recreación, sino de puertas de entrada para políticas de salud mental, prevención de la violencia y reinserción escolar.
¿Cómo debe intervenir el Estado y qué implica la propuesta de la AUH?
Migliore propone que el Estado articule medidas concretas, entre ellas una «beca deportiva» dentro de la Asignación Universal por Hijo (AUH) para cubrir cuotas sociales y generar bases de datos. La AUH, que según ANSES llega a cerca de 4,5 millones de beneficiarios (último informe disponible), ya es un instrumento de alcance nacional; usar parte de ese universo para subsidiar la actividad en clubes permitiría cruzar información con el sistema educativo y producir alertas tempranas. Desde nuestra perspectiva institucional, eso exige profesionalizar la gestión: evitar discrecionalidad, exigir personería jurídica a los clubes para que accedan a fondos y garantizar trazabilidad financiera, tal como exigimos en otras áreas del deporte profesional donde pedimos transparencia en la ruta del dinero.
Obstáculos prácticos y una agenda mínima para 2026
Para que la propuesta deje de ser retórica hacen falta al menos tres acciones concretas: 1) un registro nacional de clubes interoperable con ANSES y el Ministerio de Educación; 2) líneas de financiamiento condicionadas a la personería jurídica y a controles públicos; 3) programas de formación para que la política social sea profesional y no sujete a vaivenes. La exministra remarcó la falta de renovación de equipamiento en el último año, y desde la mirada social sabemos que la ausencia estatal prolongada —algo que Migliore asocia a los últimos 20 años de gestión intermitente— agrava la fragmentación social. En términos prácticos eso implica planificar presupuestos municipales, provinciales y nacionales con indicadores comunes y rendición pública. Si la propuesta se instrumenta con reglas claras, los clubes y las escuelas pueden ser palancas efectivas: no sustituyen políticas de empleo o salud, pero sí funcionan como dispositivos de articulación y prevención en barrios donde viven millones de argentinos (país con alrededor de 45 millones de habitantes, según INDEC). Nuestra conclusión: promovemos presencia estatal sostenida y transparencia para convertir la potencialidad de los clubes en políticas tangibles y medibles.