Un estudio publicado en Scientific Reports y reportado por La Nación analizó cerca de 1.100 personas y propone que la zurdera —minoritaria en la población, alrededor de 1 de cada 10 individuos— asocia mayores niveles de competitividad en contextos individuales, sin que esto parezca deberse a habilidades motoras (en un subgrupo de laboratorio de 48 participantes no se hallaron diferencias significativas) (según el estudio publicado en Scientific Reports y reportado por La Nación, 07/03/2026).
¿Qué midieron y qué resultados aportan?
Los autores partieron de la idea de una estrategia evolutivamente estable: si la mayoría es diestra, ser zurdo puede sorprender al adversario y dar ventaja en enfrentamientos directos. En la primera fase evaluaron lateralidad y rasgos de competitividad en alrededor de 1.100 personas mediante cuestionarios diseñados para medir orientación a metas, evitación por ansiedad y hipercompetitividad (según el estudio, reportado por La Nación el 07/03/2026). Los zurdos mostraron, en promedio, mayores puntuaciones en competitividad orientada al desarrollo personal y en hipercompetitividad, y menores niveles de evitación ansiosa frente a la competencia.
En la segunda fase, un ensayo de laboratorio con 48 voluntarios (mitad diestros, mitad zurdos) utilizó el test pegboard para medir destreza manual y no encontró diferencias relevantes entre grupos, lo que sugiere que la relación entre lateralidad y competitividad no se explica por habilidad motora directa (según Scientific Reports, citado por La Nación).
¿Es una ventaja general o solo en situaciones puntuales?
La evidencia presentada es específica: la supuesta ventaja de los zurdos aparece en contextos competitivos directos y de baja previsibilidad, como duelos mano a mano o ciertos deportes. No hay, en el estudio, pruebas de una ventaja generalizada en ámbitos cooperativos, laborales o educativos; de hecho, los autores no hallaron diferencias significativas en los cinco grandes rasgos de personalidad ni en niveles de depresión o ansiedad en la muestra (según el estudio reportado por La Nación, 07/03/2026).
También hay una señal de género: los hombres obtuvieron puntuaciones más altas en hipercompetitividad y desarrollo orientado a la competencia, mientras que las mujeres tendieron a mostrar más evitación por ansiedad. Esa diferencia requiere cuidado interpretativo: como sostuvo el propio trabajo, factores biológicos y ambientales pueden interactuar, y es necesario replicar el hallazgo con muestras más diversas y medidas conductuales objetivas antes de sacar conclusiones robustas (según Scientific Reports/La Nación).
¿Qué nos importa esto como sociedad y qué límites tiene la interpretación?
Vemos utilidad en el hallazgo para entender dinámicas concretas —por ejemplo, en el deporte uno a uno donde la imprevisibilidad cuenta (la nota cita ejemplos mediáticos como Rafael Nadal)— pero no debemos derivar de ello explicaciones simplistas sobre género o capacidades. La proporción de zurdos se mantiene cercana al 10% en estudios poblacionales revisados históricamente, lo que encaja con la hipótesis de ventaja dependiente de frecuencia; sin embargo, eso no legitima lecturas biologicistas que naturalicen desigualdades sociales (según el estudio y su cobertura en La Nación, 07/03/2026).
Desde nuestra perspectiva periodística, debemos insistir en tres cosas: primero, separar la evidencia empírica puntual de narrativas amplias; segundo, exigir replicaciones y datos abiertos que permitan ver tamaños del efecto y variabilidad; tercero, evitar que resultados parciales se usen para justificar roles o expectativas de género. Recordamos que el Día Internacional del Zurdo se celebra el 13 de agosto, una efeméride que ayuda a visibilizar una diferencia real pero minoritaria en la población (fecha mencionada en la cobertura del estudio).
En resumen, el trabajo aporta datos interesantes sobre lateralidad y competitividad (muestra inicial ~1.100; subgrupo de laboratorio n=48; prevalencia aproximada 10%), pero la lectura pública debe ser prudente: hablamos de una ventaja situacional y dependiente de frecuencia, no de una explicación general para comportamiento humano ni de una pauta para políticas públicas.