La Municipalidad de Santa Fe confirmó la detección del mosquito Aedes aegypti —vector del dengue— en 44 barrios de la ciudad durante la semana epidemiológica 11, que abarcó del 9 al 19 de marzo, aunque no se registran casos humanos positivos en la ciudad, según informó el municipio y lo publicó Sin Mordaza el 21/3/2026. Observamos que la detección es entomológica: se trata de ovitrampas que advierten actividad del vector, no de diagnósticos clínicos.

¿Dónde se detectó y qué significa?

Según el informe municipal, los barrios con resultado positivo incluyen Guadalupe Oeste, Centro, La Boca, Candioti Norte, Colastiné Norte y otros 39 sectores más, sumando 44 barrios en total. El sistema de vigilancia tiene 60 localizaciones con dos ovitrampas en cada punto, un total de 120 ovitrampas instaladas, en un monitoreo que se realiza semanalmente en convenio con el grupo Clima y Salud del CEVARCAM-FICH de la UNL. La detección en ovitrampas indica actividad reproductiva y presencia de hembras del Aedes, por lo que es un indicador temprano de riesgo de transmisión. Esta información es útil para priorizar operativos de descacharrado y articulación con escuelas y ferias públicas.

Riesgo real para la comunidad

No hay casos confirmados de dengue en la ciudad al momento del reporte, lo que no elimina el riesgo: la presencia del vector en 44 barrios aumenta la probabilidad de aparición de casos si aparecen personas infectadas o se mantienen condiciones propicias para la reproducción. El hallazgo ocurrió en la semana epidemiológica 11 (9-19/3), en una etapa de la temporada donde, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la actividad del Aedes aegypti suele empezar a disminuir con la caída de temperaturas otoñales, pero no desaparece por completo. Por eso las medidas preventivas siguen siendo relevantes: descacharrados asistidos, campañas de concientización y control focal son herramientas necesarias para cortar la cadena de transmisión antes de que se produzcan casos.

¿Qué hace el Estado y qué falta?

El municipio informó que mantiene un cronograma de descacharrado asistido, talleres en escuelas y actividades en ferias y espacios públicos para informar y reducir criaderos. El monitoreo entomológico se realiza con un convenio académico (CEVARCAM-FICH, UNL), lo que aporta rigor técnico a la vigilancia. Sin embargo, observamos que la respuesta no puede limitarse a campañas puntuales: se necesitan recursos permanentes para inspectores, recolección de residuos en barrio por barrio y coordinación con la provincia para vigilancia clínica y laboratorio. Además, es imprescindible transparentar la evolución semanal de positivos en ovitrampas y vincular esa información con la planificación territorial de operativos para priorizar los barrios más afectados.

Qué pueden hacer los vecinos

La principal protección sigue siendo comunitaria y cotidiana: eliminar recipientes con agua estancada, tapar cisternas, mantener macetas sin acumulación, y participar del descacharrado asistido que organiza la Municipalidad. Desde lo individual, usar repelente y revisar ventanas y puertas ayuda a reducir picaduras. Observamos que cuando el Estado combina logística (recolección) con educación (talleres en escuelas) y convoca a las organizaciones barriales, la efectividad sube. Exigimos —en coherencia con nuestra postura sobre clima y prevención— presencia estatal sostenida y presupuestos claros para que las campañas no sean por días sino permanentes hasta que el riesgo baje.

Cerramos recordando que la vigilancia entomológica es una herramienta preventiva: 44 barrios con ovitrampas positivas y un sistema de 60 localizaciones (dos ovitrampas por punto) son datos que deben traducirse en trabajo territorial constante. La ciudad no registra casos por ahora, pero la salud pública exige previsión continua y trabajo conjunto entre el Estado y la comunidad.