Un equipo del Conicet junto a la startup Gisens Biotech presentó un prototipo de test portátil para detectar hepatitis E que combina sensores de grafeno, nanoanticuerpos y algoritmos de inteligencia artificial. Según los investigadores, el trabajo fue publicado en la revista ACS Sensors en diciembre de 2025 y mejora la rapidez y la precisión del diagnóstico, lo que podría facilitar la detección en centros de salud pequeños y zonas rurales donde hoy faltan equipos especializados.

¿Qué tiene de nuevo este test?

El avance técnico radica en la integración de nanoanticuerpos específicos contra el marcador viral ORF2 en chips de grafeno. Los autores señalan que estos nanoanticuerpos son hasta diez veces más pequeños que los anticuerpos convencionales, lo que mejora la precisión molecular y la respuesta electroquímica del sensor. Además, el uso de grafeno aporta alta conductividad y resistencia mecánica al chip, condiciones útiles para dispositivos portátiles. El estudio publicado en ACS Sensors en diciembre de 2025 valida el enfoque y documenta los parámetros analíticos del prototipo, según los propios investigadores.

¿Cómo mejoró la precisión con inteligencia artificial?

El equipo incorporó algoritmos de machine learning desarrollados por Gisens Biotech para procesar señales eléctricas del sensor y distinguir lecturas verdaderas de ruido. De acuerdo con los científicos, la sensibilidad reportada pasó del 89% inicial a casi el 100% tras el entrenamiento del algoritmo, y la especificidad también alcanzó valores cercanos al 100% en las pruebas del estudio. Este salto —de 89% a casi 100%— es un ejemplo claro de cómo los modelos de IA pueden mejorar diagnósticos rápidos, aunque conviene verificar rendimiento en cohortes más grandes y en condiciones reales de atención primaria.

¿Qué cambia en la práctica sanitaria y quién se beneficia?

Hoy muchos diagnósticos de hepatitis E requieren extracción de sangre venosa y laboratorio especializado, barreras para hospitales locales y centros rurales. El prototipo podría funcionar con sangre capilar obtenida por un pequeño pinchazo en el dedo, lo que lo hace menos invasivo y más portable. La Organización Mundial de la Salud estima cerca de 20 millones de casos agudos de hepatitis E al año en el mundo, lo que indica una carga global importante y la posibilidad de subregistro en países considerados de baja endemia como Argentina, según especialistas de la Sociedad Argentina de Infectología. Un test simple y cuantitativo ayudaría a identificar brotes por contaminación hídrica o transmisión zoonótica y a monitorizar la carga viral en pacientes prolongados.

Limitaciones, próximas etapas y rol del Estado

El prototipo necesita ensayos clínicos ampliados y estudios de validación en terreno antes de escalar su uso. Además, hay que evaluar costos de fabricación, logística de distribución y mantenimiento del algoritmo con datos locales. ViroSensAr, la red donde se desarrolló el proyecto, agrupa institutos del Conicet y actores privados, una mesa colaborativa que facilita transferencias tecnológicas pero no garantiza implementación masiva por sí sola.

Desde nuestra perspectiva, apoyamos la difusión de pruebas que hagan más accesible la atención sanitaria. Pero también sostenemos que el Estado debe garantizar provisión pública, capacitación del personal y políticas de vigilancia epidemiológica para que estas tecnologías lleguen a los barrios y las localidades rurales que más lo necesitan. Sin ese eje público, corren el riesgo de quedarse como prototipos útiles solo en centros urbanos.