Diana Rumbo, psicóloga jubilada de 69 años, lleva una consola y un parlante con luces a geriátricos de Mar del Plata para transformar la rutina de residentes en una ‘hora feliz’ musical (según La Nación).
De psicóloga a DJ: un recorrido con cifras
Diana tiene 69 años y cuenta su historia sin dramatismos: nació en una generación que vivió cierres de carreras y persecuciones; en 1976 la carrera de Psicología fue cerrada en Mar del Plata, un antecedente que marcó su trayectoria (según La Nación). Empezó a estudiar DJ en noviembre de 2022 (según La Nación), compró equipo usado, sufrió un robo y volvió a invertir en abril de 2023, cuando retomó los estudios con un controlador nuevo (según La Nación). Siete meses después de esa reanudación recibió el diploma de nivel inicial —es decir, en noviembre de 2023 según la propia cronología que contó— (según La Nación). A los 42 años pudo finalmente cursar Psicología y trabajó diez años en niñez antes de jubilarse (según La Nación). Estos números muestran un recorrido no lineal: interrupciones por contextos históricos y reemprendimientos personales.
¿Por qué funciona la música en los geriátricos?
La respuesta de Diana es práctica: en el festejo del 90º cumpleaños de su madre —un evento que la obligó a pensar la música como herramienta— varios residentes se incorporaron a bailar, incluso un hombre en silla de ruedas que pidió ser levantado para bailar un poco (según La Nación). Ese episodio fue el diagnóstico en acto: la música moviliza memoria motora, socialización y emoción. Diana también retomó la idea de la ‘hora feliz’ que había visto en clases virtuales durante la pandemia de 2018 (según La Nación). En términos operativos, la propuesta requiere poco equipamiento —una tablet con Spotify, un parlante con luces— y puede ofrecerse como actividad regular: Diana empezó ofreciéndola gratis para que los centros conozcan la dinámica (según La Nación). En el terreno de las políticas, esto plantea preguntas sobre cómo institucionalizar actividades culturales y terapéuticas en residencias sin depender exclusivamente de lo voluntario.
La pista ambulante: método y organización
El método de Diana combina formación, intuición clínica y logística sencilla. En 2024 estudió producción musical con un referente local (según La Nación) y armó sets de nu-disco y remixes de canciones infantiles y de la tradición de las abuelas para bebés y adultos mayores (según La Nación). Para salir a los hogares pidió el listado de centros de día y hogares a la sede local de PAMI y comenzó a ‘panfletear’ su propuesta personalmente (según La Nación). Su equipo básico es económico: controlador, tablet y parlante con luces; su oferta inicial fue sin cargo para que las instituciones prueben la actividad (según La Nación). La combinación de su mirada como psicóloga y la música le permitió adaptar repertorios según edades, estados cognitivos y preferencias locales; así transforma espacios estáticos en encuentros que favorecen la movilidad, la expresión y la memoria.
Qué implica esto para las políticas públicas y la salud comunitaria
La experiencia de Diana abre una ventana concreta: actividades culturales y recreativas pueden integrarse a programas de salud y de tercera edad. Desde nuestra perspectiva, exigimos coordinación institucional: PAMI y los municipios deberían mapear iniciativas similares, ofrecer convenios de prueba y considerar la formación de facilitadores culturales para centros (alineado con nuestra postura sobre salud pública). El caso muestra una comparación temporal de oportunidades: mientras en 1976 la represión cerró espacios educativos, hoy a los 69 años una profesional recicla su saber para intervenir socialmente (según La Nación). Recomendamos evaluar impacto con indicadores simples —frecuencia de actividades, número de residentes movilizados, satisfacción familiar— y sostener programas con financiamiento mínimo para equipos y capacitación, no solo acciones aisladas.