Claudio Tapia cumplió nueve años como presidente de la Asociación del Fútbol Argentino y lo celebró con un mensaje público en el que reivindicó su rol en decisiones clave, entre ellas la continuidad de Lionel Scaloni como entrenador de la Selección (El Ciudadano, 29/3/2026). Esa cifra —9 años— es central para entender un ciclo que arrancó el 29 de marzo de 2017 y que hoy convive con logros deportivos y con cuestionamientos judiciales. La nota pública condensa esa tensión: orgullo por los títulos y defensas personales frente a críticas y causas que la prensa y la Justicia vienen siguiendo.

¿Qué dijo Tapia y qué pesa en lo deportivo?

Tapia definió su gestión como “9 años de entrega total” y afirmó haber tomado la decisión de sostener a Lionel Scaloni al frente de la Selección (El Ciudadano, 29/3/2026). En lo concreto, la era Scaloni incluyó la conquista de la Copa Mundial el 18 de diciembre de 2022, según FIFA, un título que puso fin a 36 años sin campeonato mundial (1986-2022). Esos hitos deportivos pesan en la legitimidad pública: resultados en canchas generan adhesiones y resignifican decisiones dirigenciales.

Sin embargo, los éxitos no borran las dudas sobre cómo se gestionan las instituciones. Cuando la dirección de una federación mezcla logros deportivos con opacidad en contratos, nombramientos o finanzas, el crédito por triunfos deportivos no alcanza para cubrir la necesidad de reglas claras. Vemos, además, que la popularidad de la Selección puede chocar con la impaciencia de clubes más chicos y de las ligas del interior, que reclaman una AFA más federal y transparente.

¿De qué se le acusa y por qué importan las investigaciones?

La cobertura señala que Tapia está atravesando un periodo turbulento: investigaciones por presunto lavado de dinero vinculadas a la financiera Sur Finanzas y empresas, además de señalamientos sobre deudas laborales y acusaciones relacionadas con amaño de partidos (El Ciudadano, 29/3/2026). No vamos a reproducir especulaciones: la existencia de causas judiciales es un hecho verificable y público. Lo que exigimos es que esas investigaciones se tramiten con la celeridad y transparencia que demanda el interés público, y que la AFA colabore con la Justicia.

Las implicancias van más allá de la persona. Una federación cuestionada afecta la gobernanza del fútbol en todo el país: desde la asignación de programas para inferiores hasta la fiscalización de competiciones y la seguridad en los estadios. Por eso la exigencia no es ritual: pedimos que las instancias internas de control en la AFA funcionen y que los procesos disciplinarios y administrativos sean claros, auditables y con plazos definidos.

Qué pedimos desde esta columna: transparencia y planificación

Desde esta columna reclamamos planificación y transparencia dirigencial en el fútbol, la misma demanda que sostenemos para la selección, el rugby y el polo. La gestión de una entidad nacional no puede depender solo de resultados deportivos ni de una defensa personal de quien la conduce. Exigimos mecanismos concretos: auditorías externas públicas, calendarios de rendición de cuentas, cláusulas contractuales que protejan a clubes y jugadores y reglas claras para la asignación de recursos federales.

Además proponemos dar prioridad a la federalización real de la AFA. El interior produce jugadores, hinchas y dirigentes; merece representación, presupuesto y control. No se trata de debilitar la Selección, sino de fortalecer el sistema que la sostiene: si la AFA quiere pedigree mundial, necesita instituciones domésticas sólidas, transparentes y sometidas a reglas que todos puedan verificar. Vemos con claridad que respaldo a la selección y exigencia de rendición de cuentas no son incompatibles; son obligaciones complementarias.

Fuentes: El Ciudadano, 29/03/2026; FIFA, registro del Mundial 2022 (18/12/2022).