El Concejo Municipal de Rosario aprobó por unanimidad un decreto que exige la presencia de guardavidas en los 24 paradores de La Invernada, Paraná Viejo y El Banquito y encomienda al municipio gestionar ese servicio ante los gobiernos de Santa Fe y Entre Ríos, con el objetivo de llegar a la próxima temporada estival con condiciones mínimas de seguridad acuática (El Ciudadano). Esta decisión responde a un diagnóstico local sobre cobertura insuficiente y a episodios graves registrados durante el último verano.

¿Qué se aprobó y qué dicen los datos?

La resolución obliga a gestionar la presencia de guardavidas en los 24 paradores isleños identificados y alcanza también a futuros emprendimientos dentro de esas zonas, según el despacho del Concejo (El Ciudadano). El relevamiento presentado en enero por la concejal Anahí Schibelbein halló guardavidas en solo 2 de esos 24 paradores, mientras que datos oficiales del Consejo Consultivo del Río de 2025 señalaban que 3 contaban con ese servicio, lo que muestra una cobertura consistentemente baja entre 2025 y el relevamiento de enero (El Ciudadano; Consejo Consultivo del Río 2025). Además, la distribución de jurisdicción es clave: 20 paradores dependen de Entre Ríos y 4 de la provincia de Santa Fe, un dato que obliga a pensar en acuerdos interprovinciales y no solo en políticas municipales (El Ciudadano).

¿Quién paga y cómo se coordina entre provincias?

La aprobación del decreto abre inmediatamente la pregunta fiscal e institucional: ¿con qué partidas se financiará la cobertura y bajo qué régimen laboral se contratarán los guardavidas? El municipio debe gestionar ante Santa Fe y Entre Ríos, pero los 20 paradores bajo jurisdicción de Entre Ríos complican una solución unilateral por parte de Rosario (El Ciudadano). Desde la lente fiscal, esto exige claridad sobre si el gasto será asumido por cada provincia, por el municipio, o mediante convenios que estipulen obligaciones y rendición de cuentas; sin datos públicos sobre partidas, la pregunta queda abierta. Institucionalmente, es imprescindible establecer protocolos operativos, responsables técnicos y un cronograma de implementación antes de la temporada para evitar promesas sin financiamiento verificable.

¿Mejora real de la seguridad o gesto político? Impacto social y recomendaciones

La medida mejora la prevención si se traduce en guardavidas entrenados, boyado, señalización y controles de alcoholemia complementarios; de lo contrario puede quedar en un mandato simbólico. Socialmente, la decisión responde a la demanda ciudadana tras colisiones, desapariciones y hallazgos de cuerpos el último verano, hechos consignados en la nota que motivó el proyecto (El Ciudadano). Desde nuestra perspectiva editorial, exigimos que la gestión incluya auditorías independientes, transparencia de contratos y criterios de evaluación — la misma línea que reclamamos para la Hidrovía y otras obras públicas — para que cada peso destinado al servicio pueda rastrearse y evaluarse. También proponemos un piloto con metas medibles para la temporada próxima: número de guardavidas por parador, horarios cubiertos y equipamiento obligatorio, con informes públicos trimestrales.

En síntesis, la aprobación es un paso necesario pero no suficiente: si no hay claridad sobre financiamiento, responsabilidades interprovinciales y controles independientes, la mejora en seguridad podría ser temporal o fragmentada. Podemos aceptar la medida como comienzo, pero insistimos en la transparencia y en convenios firmes entre Rosario, Santa Fe y Entre Ríos para que la presencia de guardavidas deje de ser variable y pase a ser un servicio público permanente y auditable.