Se trata de una maniobra parlamentaria para mitigar el impacto fiscal de la ley 27.795 y evitar un pago que, según LA NACION, asciende a cerca de $2,5 billones por actualizaciones salariales y programas afectados desde diciembre de 2023.
¿Qué propone exactamente el oficialismo?
El proyecto que el Ejecutivo presentó en febrero y ahora quiere reflotar no deroga la ley, pero limita su alcance. De acuerdo a LA NACION, la iniciativa oficial propone reconocer solo la pérdida salarial correspondiente a 2025 en lugar de lo exigido por la norma vigente, que obliga a recomponer desde el 1° de diciembre de 2023. La recomposición planteada se haría en tres tramos del 4,1% a pagarse en marzo, julio y septiembre sobre los básicos vigentes al 31 de diciembre de 2025, según la misma fuente. En materia de funcionamiento, el Gobierno propone una partida adicional de poco más de $80.000 millones para el sistema de salud universitario y condiciona nuevas actualizaciones al tope anual del 14,5% reconocido en el presupuesto 2026 — datos reportados por LA NACION.
¿Por qué el Gobierno impulsa este cambio ahora?
La iniciativa vuelve al centro del debate tras decisiones judiciales favorables a las universidades. Según LA NACION, el juez Martín Cormick dictó una medida de primera instancia ordenando el cumplimiento inmediato de las actualizaciones y, días atrás, la Sala III de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal confirmó en segunda instancia el fallo a favor de las casas de estudio. El Ejecutivo apeló y, en paralelo, activó la vía parlamentaria para rebajar el costo fiscal. El proyecto original fue presentado en febrero durante sesiones extraordinarias cuando el bloque libertario dominaba el recinto; la discusión quedó postergada por la prioridad que el Gobierno le dio a la reforma laboral. Las internas entre referentes del oficialismo y la falta de votos también explican la demora; sobre Caputo y las negociaciones con rectores puede consultarse la nota previa en nuestro medio: https://diariosantafe.com.ar/politica/caputo-niega-pacto-con-gobernadores-la-discusion-abierta-sob-2026-04-20
¿Cómo afecta esto a universidades, docentes y programas clave?
Desde la letra de la ley 27.795 se pedía recomponer salarios y partidas de funcionamiento por inflación acumulada en los últimos dos años; el proyecto del Ejecutivo omite 2024 y 2025 para varios rubros, según LA NACION. En concreto, la norma vigente obliga a recuperar lo perdido desde el 1° de diciembre de 2023; la propuesta oficial reconoce únicamente 2025 y elimina el anclaje automático de las paritarias al índice de precios. Para docentes y no docentes esto significa que la recomposición real dependerá de mesas trimestrales de negociación, no de una actualización por inflación. Además, programas como los hospitales universitarios y los fondos de ciencia y técnica, cuya recomposición figura en la ley, quedan con cobertura parcial en la iniciativa oficial. La tensión no es solo técnica: implica salarios, investigación y funcionamiento docente en un año electoral.
Lente fiscal y electoral: qué está en juego y qué pedimos
El eje fiscal es central. El Ejecutivo justifica la reforma por el impacto presupuestario que, según LA NACION, podría llegar a $2,5 billones si se aplicara la ley completa; la alternativa oficial reduce ese golpe y lo reparte en ajustes y condiciones. El debate tiene, además, un componente electoral y de legitimidad: negociar ahora sin trazabilidad y sin auditorías públicas puede profundizar la desconfianza entre rectores y Gobierno. Desde nuestra columna insistimos con una exigencia clara y coherente con posiciones previas: transparencia y auditorías independientes sobre cualquier ajuste que modifique derechos laborales o transferencias públicas. Antes de votar reformas que alteren obligaciones del Estado necesitamos conocer con precisión la metodología del cálculo del pasivo, las partidas presupuestarias concretas afectadas y las fuentes de financiamiento alternativas, documentadas y auditables.
En síntesis, estamos ante una disputa que mezcla urgencia judicial, apremio fiscal y cálculo político. Si el oficialismo insiste en cambiar la ley, debe aportar datos públicos, reconciliables y auditables que permitan entender cómo se protege el salario docente sin hipotecar la autonomía y el funcionamiento de las universidades.