El Gobierno basa su estrategia en un dólar relativamente estable y en una baja de tasas para recuperar la actividad, pero los números muestran que esa transmisión al bolsillo y al crédito sigue siendo incompleta: el BCRA compró más de US$5.400 millones en lo que va de 2026, y las reservas brutas crecieron apenas US$2.326 millones en el mismo lapso (Invecq). Al mismo tiempo, los salarios formales cayeron más de 6% entre noviembre de 2025 y marzo de 2026 (Banco Central; Secretaría de Trabajo).
¿Qué propone el programa macro?
Vemos una apuesta que combina tres pilares: ancla cambiaria, tasas más bajas y expectativas contenidas de inflación. En términos concretos, el BCRA incrementó compras por más de US$5.400 millones en 2026, mientras las reservas brutas subieron US$2.326 millones, pero las netas retrocedieron por pagos de deuda y transferencias al Tesoro (Invecq; BCRA). En el frente monetario, la tasa TAMAR bajó desde cerca del 38% nominal anual a fines de enero hasta alrededor del 25% según EcoGo, y la tasa de corto plazo del sistema se ubica cerca del 20% (EcoGo). El Gobierno sostiene que el M2 transaccional creciendo por debajo de la inflación —alrededor del 20% interanual según el secretario de Finanzas— crea condiciones para desacelerar precios (Federico Furiase). Este es el diseño: estabilidad cambiaria para anclar expectativas y tasas más bajas para impulsar crédito.
¿Por qué la estabilidad financiera no llega a la economía real?
La clave está en la transmisión. Aunque el tipo de cambio real se apreció más de 17% entre noviembre y marzo (Centro de Estudios Económicos del Banco Provincia), los salarios formales perdieron poder adquisitivo: más de 6% en el mismo período (BCRA; Secretaría de Trabajo). El indicador RIPTE ronda $1.600.000 a precios actuales, todavía lejos de los aproximadamente $2.200.000 de 2014, según el análisis reportado en la nota. En crédito, la morosidad de préstamos a familias alcanzó 11,2% en febrero, el nivel más alto desde 2004, y los préstamos personales cotizan en torno al 70% nominal anual, muy por encima del costo de fondeo bancario (1816; fuentes del sistema financiero). A esto se suma que la industria y la construcción mostraron caídas en los primeros meses: industria -4% mensual y construcción -1,3% en febrero según Econviews. Es decir: la calma financiera existe, pero no alcanza para reactivar consumo ni inversión.
¿Qué riesgos plantea el ancla cambiaria?
El esquema tiene ventajas —reducción de volatilidad y anclaje de precios— pero también límites. Según GMA Capital el tipo de cambio real se sitúa cerca de $1.387 a precios actuales y la brecha ronda 5%, niveles que implican apreciación del peso y pérdida de competitividad para sectores intensivos en empleo. Además, la estrategia depende fuertemente del frente externo: Galicia Research estima que entre abril y julio se concentrará cerca del 45% de la liquidación anual del agro, con exportaciones que podrían superar los US$30.000 millones y un aporte adicional de US$3.000 millones por mejores precios y volúmenes. Esa entrada de divisas y el superávit energético —más de US$5.600 millones en los últimos 12 meses según la nota— sostienen temporalmente el programa. El riesgo es claro: si las liquidaciones o los precios internacionales caen, la capacidad de sostener reservas y el ancla se debilita.
Qué esperar en los próximos meses y qué exigimos desde la perspectiva fiscal y social
El Gobierno espera una mejora más visible entre julio y agosto; el presidente habló de una recuperación que se sentirá con fuerza más adelante. Algunas consultoras proyectaron marzo con una inflación cercana a 3% y Barclays estimó 3,3% para ese mes, con una tendencia a la desinflación gradual. Sin embargo, los datos de crédito y empleo son frágiles: préstamos en pesos acumulan caídas reales y los depósitos en pesos cayeron 1,9% real en marzo (LCG; Secretaría de Trabajo; BCRA). Desde la columna editorial exigimos transparencia y auditorías independientes sobre la operación de compras de divisas, las transferencias al Tesoro y la evaluación del impacto distributivo: es necesario saber quiénes están absorbiendo el costo de la estabilidad. A nivel provincial, esa exigencia también vale para la planificación de obra pública: la promesa de reactivar obra sin recursos reales necesita reglas claras y control —ver, por ejemplo, discusiones sobre obra pública y financiamiento en la provincia https://diariosantafe.com.ar/politica/pullaro-apuesta-a-hacer-obra-publica-sin-plata-mientras-la-p-2026-04-12.
En síntesis, la combinación de dólar estable y tasas más bajas es una condición necesaria para la recuperación, pero no es suficiente: sin crédito fluido, salarios en recuperación sostenida y mayor inversión productiva, el crecimiento prometido corre el riesgo de quedarse en titulares optimistas y no llegar al bolsillo de la mayoría.