La NOAA considera más probable que la temporada de huracanes del Atlántico 2026 quede por debajo de lo normal: 55% de probabilidad de actividad por debajo de los niveles históricos, frente a 35% de probabilidad de actividad cercana al promedio y 10% de un año más activo (NOAA, informe 23/5/2026).

¿Qué dice el pronóstico y qué números clave conviene retener?

La agencia estadounidense proyecta entre 8 y 14 tormentas con nombre; de ellas entre 3 y 6 podrían convertirse en huracanes y entre 1 y 3 alcanzar categoría mayor (3, 4 o 5 en Saffir-Simpson) según el informe del 23 de mayo de 2026. Para ponerlo en perspectiva, el periodo de referencia 1991-2020 registra en promedio 14 tormentas con nombre, 7 huracanes y 3 mayores (NOAA). La NOAA además estima una probabilidad del 82% de que El Niño se forme entre mayo y julio, y la probabilidad podría subir hasta 96% durante el invierno boreal 2026-2027. Sin embargo, los modelos no señalan con claridad la intensidad máxima: ninguna categoría de El Niño supera 37% de probabilidad hoy. Esos tres números —55%, 8-14 sistemas, 82%-96% para El Niño— marcan el guion climático para los próximos meses (NOAA).

¿Cómo puede afectar esto a Argentina y a Santa Fe?

Aunque una temporada atlántica menos activa reduce el riesgo directo sobre islas del Caribe y la costa sudeste de Estados Unidos, el principal impacto para la Argentina está mediado por El Niño. Según el Servicio Meteorológico Nacional, los episodios de El Niño suelen traer más precipitaciones al centro y este del país, incluyendo la provincia de Santa Fe. Eso implica mayor riesgo de anegamientos rurales y urbanos en meses claves, presión sobre la logística agroexportadora y necesidad de mayor inversión en desagües y defensa fluvial. La ventana más peligrosa de la temporada atlántica suele concentrarse entre mediados de septiembre y octubre; la NOAA anunció además que revisará sus proyecciones a comienzos de agosto y publicará una actualización del ENSO el 11 de junio. Para productores y administraciones locales, la lección es concreta: menos huracanes en el Atlántico no significa ausencia de riesgos, sino cambio en la forma en que se presentan, con énfasis en precipitaciones y manejo de cuencas.

Qué deben hacer los gobiernos: lente fiscal, institucional y social

La previsión de la NOAA y la alta probabilidad de El Niño obligan a priorizar prevención. Desde el lente fiscal, los gobiernos provinciales y nacional deben asegurarse partidas claras para obras de drenaje, limpieza y mantenimiento de cauces, y fondos de emergencia — y hacerlo con transparencia: qué obras, montos y plazos. Institucionalmente es imprescindible coordinar Nación-Provincia-municipios para alertas tempranas y logística de evacuación; la NOAA subrayó la importancia de herramientas de vanguardia para alertas tempranas, lo que exige interoperabilidad entre sistemas meteorológicos y socorro. En clave social, hay que proteger a los más vulnerables: centros de evacuación con condiciones sanitarias, soporte a productores de pequeña escala y canales de comunicación en castellano y en lenguas locales. Dado que la intensidad de El Niño aún es incierta, la mejor política es la que gasta hoy en mitigación para evitar costos mayores mañana.

El pronóstico de la NOAA no es una receta cerrada, pero sí una advertencia clara: alta probabilidad de El Niño y una temporada atlántica con probabilidades de estar por debajo de lo normal cambian el mapa de riesgos. Preparación, transparencia en el gasto y coordinación interjurisdiccional deben ser la respuesta inmediata.