La soledad, para Carl Gustav Jung, no es tanto la ausencia de compañía como la imposibilidad de comunicar lo que realmente importa; «La soledad no proviene de no tener gente alrededor, sino de ser incapaz de comunicar las cosas que a uno le parecen importantes». Partimos de esa frase como dato central y proponemos una lectura aplicada: no basta multiplicar contactos sociales si no existen canales que permitan expresar y ser comprendido. Los números lo hacen visible: la Organización Mundial de la Salud señaló un aumento del 25% en la prevalencia de ansiedad y depresión durante el primer año de la pandemia y calcula que hoy más de 280 millones de personas viven con depresión en el mundo (OMS, 2022). En Argentina, con una población estimada en 45,8 millones según INDEC (2023), esa realidad se traslada a demandas crecientes en centros de salud y en los barrios, donde la escucha profesional y comunitaria suele ser insuficiente.

La idea central de Jung

Para Jung la soledad es una falla comunicativa: el sujeto porta un mundo interior que el entorno no reconoce y eso genera aislamiento aun en presencia física de otros. En sus Recuerdos, sueños, pensamientos describe una infancia con una vida interior intensa y la frustración de no encontrar interlocutores; hoy esa observación alcanza a perfiles diversos: pibes con altas capacidades, migrantes que no comparten códigos locales y personas mayores en barrios que cambiaron. La diferencia con el enfoque actual de “soledad no deseada” es útil: mientras ese concepto mide redes y contactos, Jung pone el acento en la reciprocidad comunicativa, una dimensión que las encuestas capturan mal pero que condiciona el bienestar. Esa limitación metodológica obliga a pensar indicadores distintos: no solo contar vínculos sino medir la calidad de la escucha en los territorios.

¿Por qué la comunicación importa más que la compañía?

Porque la comunicación transforma encuentros en vínculos significativos; sin ella, una multitud puede ser aislamiento. En barrios populares vemos con frecuencia que la presencia física de instituciones no alcanza cuando faltan espacios seguros para hablar: centros de salud con tiempos reducidos, escuelas sin apoyo psicosocial y ausencia de equipos territoriales que trabajen con continuidad. La evidencia global lo confirma: la OMS registró un aumento del 25% en ansiedad y depresión entre 2019 y 2020, lo que muestra cómo crisis colectivas incrementan la necesidad de escucha y contención (OMS, 2022). En el plano local, esa tendencia se traduce en más consultas por angustia y en listas de espera, lo que indica que la compañía sin canales de comunicación no reduce la sensación de soledad.

Qué políticas y dispositivos hacen falta

Nuestra postura editorial es clara: exigimos presencia estatal territorial y políticas integrales que fortalezcan la salud mental comunitaria y los dispositivos de contención en barrios. La Ley Nacional de Salud Mental 26.657, sancionada en 2010, institucionalizó el enfoque comunitario y la desmanicomialización, pero su implementación quedó desigual entre jurisdicciones. Proponemos tres líneas concretas: primero, reforzar equipos en atención primaria con psicólogos, trabajadores sociales y agentes comunitarios que trabajen en el barrio; segundo, financiar programas de comunicación emocional en escuelas y centros juveniles para enseñar a nombrar y compartir lo que pesa; tercero, crear indicadores territoriales que midan accesibilidad y calidad de la escucha —por ejemplo, tiempo medio de espera para primera consulta y porcentaje de seguimiento comunitario— para evaluar si las intervenciones reducen la soledad comunicativa. Todo esto exige coordinación entre municipio, provincia y Nación: la retórica no alcanza si no hay presencia concreta en la calle. Para quienes quieran ver cómo las decisiones de política sanitaria afectan la cooperación internacional y la gestión de la salud pública, puede consultarse la cobertura previa sobre la relación con la OMS y la agenda sanitaria nacional (https://diariosantafe.com.ar/politica/gobierno-rechaza-regreso-a-la-oms-mientras-monitorea-brote-d-2026-05-08).