Rosario Central y Racing igualaron 1-1 en los cuartos de final del Apertura, pero la acción que marcó el partido fue la expulsión de Adrián Martínez tras intervención del VAR, una decisión que enfría el estadio y abre dudas sobre el criterio disciplinario.
La jugada que cambió el partido
A los 26 minutos del segundo tiempo se produjo la jugada decisiva: un envío largo del arquero de Racing derivó en una disputa en el área y en el forcejeo entre Martínez y Emanuel Coronel, tras lo cual el árbitro amonestó al delantero y el VAR llamó a la revisión en campo (según La Nación, 13/5/2026). Tras la comprobación, el juez modificó su fallo y aplicó roja directa. La revisión estuvo detenida seis minutos antes de la confirmación de la expulsión, y en el mismo lapso el gol de Alejo Véliz fue anulado por una posición adelantada muy ajustada, lo que llevó al partido a una atmósfera tensa y a debates sobre la precisión de la tecnología en decisiones milimétricas (según La Nación, 13/5/2026).
La combinación de una jugada de posible violencia y una decisión sobre línea de offside dejó al espectador con dos sensaciones simultáneas: por un lado la intención de corregir errores claros, por otro la percepción de que la intervención demoró el ritmo del partido y cambió su fisonomía.
¿El VAR resolvió o agravó la tensión?
El VAR fue determinante para la expulsión de Martínez, pero la discusión pública no termina en la corrección técnica: se reproduce en la experiencia del juego. Una revisión de seis minutos contribuye a la sensación de interrupción, y la coexistencia de una roja directa y un gol anulado en el mismo segmento genera preguntas sobre la consistencia del protocolo y su impacto en la continuidad competitiva (según La Nación, 13/5/2026).
Desde lo reglamentario es correcto que el VAR intervenga en casos de conducta violenta y goles, sin embargo observamos que las demoras largas acentúan la tensión entre equipos, técnicos y público. En este partido además se registró otra expulsión temprana en el primer tiempo suplementario, a los 5 minutos, lo que dejó el cruce con dos jugadores menos por parte de Racing y añadió una variable física y táctica decisiva para el resultado final (según La Nación, 13/5/2026).
Lo disciplinario: precedentes y consecuencias
La expulsión de Martínez es la cuarta desde su llegada a Racing y la tercera por roja directa, según el reporte del encuentro, un antecedente cuantitativo que obliga a evaluar conducta y manejo del plantel (según La Nación, 13/5/2026). Temporalmente, su última expulsión ocurrió en el mismo estadio, en los cuartos de final de la Copa Argentina, lo que sugiere una recurrencia en etapas definitorias y genera urgencia en la evaluación disciplinaria por parte del club y del departamento legal.
Para el equipo, perder a un delantero por expulsión en una eliminatoria tiene consecuencias inmediatas en la táctica y en el calendario de sanciones. La resolución del Tribunal de Disciplina de la AFA definirá el alcance de la suspensión, pero el hecho en sí obliga a un cruce entre la gestión del jugador, la prevención de conductas y la comunicación pública del club sobre expectativas de conducta y sanciones internas.
Qué debe cambiar desde la dirigencia y la programación
Vemos en este tipo de partidos la necesidad de que los clubes y las autoridades deportivas planifiquen y transparenten protocolos, algo que ya reclamamos respecto de la gestión y la programación en clubes como Rosario Central. Las decisiones tecnológicas y los recursos arbitrales no son neutros: afectan calendarios, la salud de los jugadores por sobresfuerzos y la planificación deportiva de los clubes. En este encuentro la intervención del VAR, la demora de seis minutos y las dos expulsiones subrayan la importancia de coordinación entre árbitros, cuerpos técnicos y dirigencia para minimizar el impacto competitivo (según La Nación, 13/5/2026).
Reclamamos, como en posiciones previas, planificación y transparencia dirigencial en la gestión del calendario, la programación de partidos y la comunicación sobre decisiones disciplinarias. El fútbol de alto rendimiento exige que la tecnología sea precisa y rápida, y que los clubes asuman protocolos internos que reduzcan recurrencias disciplinarias en momentos definitorios. El fútbol es pasión, pero también requiere reglas claras, aplicación consistente y gestión profesional para que las eliminatorias se decidan en la cancha y no en el laberinto de revisiones y sanciones.