En abril Argentina registró un saldo negativo de 301.700 visitantes internacionales, según el INDEC.
Qué dicen los números
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) muestran el núcleo del fenómeno: en abril salieron 764.800 turistas residentes, una caída interanual del 13,2%, mientras que ingresaron 463.100 turistas no residentes, un aumento interanual del 10,6%. El resultado fue un saldo negativo de 301.700 visitantes para el mes, detalle que permite leer en un solo número la tensión entre emisivo y receptivo. En términos monetarios, el INDEC reporta que en el primer trimestre de 2026 el desequilibrio de la cuenta turismo fue de US$961,6 millones, producto de gastos en el exterior por US$1.843,6 millones y desembolsos de extranjeros por US$882 millones; ese déficit es 12,4% mayor al registrado en igual trimestre de 2025 (-US$855,2 millones). Estos datos oficiales marcan el punto de partida para el análisis fiscal y cambiario.
¿Por qué bajó el turismo emisivo y cómo cambió el perfil de viajes?
No se trata de una caída homogénea. El INDEC indica que el 71,7% de las salidas fue por países limítrofes; Brasil concentró 28,3% de las elecciones de los argentinos, seguido por Chile con 16,1% y Paraguay con 12,3%. Además la vía aérea concentró más del 51% de los movimientos y las llegadas por avión crecieron 26,7% interanual, con el 90,1% de esas llegadas canalizadas por Ezeiza y Aeroparque; eso sugiere que el emisivo que se mantiene por avión es de mayor poder adquisitivo. Los consultores consultados en la nota original, como Lorenzo Sigaut Gravina de Equilibra, destacan que la caída del emisivo se concentra en la vía terrestre, y Marcelo Elizondo advierte que parte de la corrección puede obedecer a decisiones de viaje pospuestas por el Mundial en junio. En conjunto, los números muestran una domesticación del turismo emisivo y una relativa mejora del receptivo.
¿Qué implicaciones tiene para la economía y el tipo de cambio?
Menos salidas y más llegadas reducen la presión sobre la demanda de divisas por turismo; como señaló Marcelo Elizondo, para las cuentas nacionales una disminución del emisivo y un aumento del receptivo alivian la presión sobre el tipo de cambio. Sin embargo, la lectura completa exige mirar la cuenta completa: el déficit trimestral de US$961,6 millones (INDEC) sigue siendo significativo y además creció 12,4% respecto a 2025, lo que demuestra que la mejora en flujo de pasajeros no alcanzó a revertir la tendencia en términos de gasto. Desde la lente fiscal, esto tiene dos efectos: menor presión transitoria sobre el mercado de cambios, pero también menos ingreso por consumo externo si la recuperación del receptivo no acelera el gasto promedio. En términos sociales, la caída del emisivo terrestre evidencia pérdida de capacidad de consumo en amplios sectores que antes viajaban a países vecinos.
Qué deberían hacer las autoridades: transparencia y políticas focalizadas
La primera demanda es de datos: el INDEC ya pasó a reportar los ingresos y salidas de divisas por turismo en forma trimestral, lo que reduce la granularidad necesaria para políticas rápidas; exigimos mayor frecuencia y transparencia en la data para poder calibrar medidas con evidencia. En segundo lugar, las políticas deben apuntar a dos frentes: sostener el turismo interno y fortalecer la demanda de menor ingreso mediante programas que vinculen crédito a comercios pyme del sector y capacitación para recomponer empleo turístico local. Desde la perspectiva provincial, gobernadores deben coordinar promoción con enfoque federal para que ciudades fuera del AMBA y del eje turístico tradicional capten más receptivo. Finalmente, cualquier estímulo debe estar acompañado por medidas que protejan salarios, porque sin recuperación del poder adquisitivo no habrá un emisivo sensible ni reactivación sostenida del consumo turístico interno; esto es coherente con nuestra exigencia de políticas que protejan salarios y al comercio pyme.