La simulación de La Nación, cruzando precios de Zonaprop con datos del INDEC y el tipo de cambio, muestra que hoy un trabajador promedio necesitaría entre 6 y 34 años de ingresos para comprar un dos ambientes de 50 m² en distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires, y que en Puerto Madero esa cifra llega a 34 años. Este primer dato sintetiza el problema: la vivienda está dolarizada, los sueldos corren detrás de la inflación y el crédito hipotecario no funciona como puente masivo.
¿Cuánto pesan los números?
Los datos condicionan la lectura: el salario mínimo vital y móvil es $352.400 desde el 1 de marzo de 2026 (Gobierno), mientras que el ingreso promedio de la población ocupada se ubicó en $1.068.540 mensuales en el cuarto trimestre de 2025 (INDEC), referencia que usó la simulación de La Nación. En términos de evolución, el INDEC registra un aumento real de 22,3% para los salarios privados del sector no registrado entre noviembre de 2023 y octubre de 2025, mientras que el metro cuadrado medido en la misma ventana subió 7% según el cruce informativo entre INDEC y Zonaprop; esa diferencia explica por qué la brecha se estrechó, pero no resuelve la accesibilidad porque los precios se cotizan en dólares y el acceso al crédito sigue limitado. Además, la simulación aplica un tipo de cambio oficial de $1420, que determina la valuación en pesos y acentúa la distancia con quienes cobran en moneda local.
¿Cuántos años de salario hacen falta para comprar un dos ambientes?
Tomando el ejemplo del artículo: en Puerto Madero el m² ronda US$6135, por lo que una unidad de 50 m² cuesta unos US$306.750 (aprox. $435,6 millones al tipo de cambio oficial de $1420), lo que equivale a cerca de 34 años del ingreso promedio del INDEC bajo la hipótesis —irrealista— de ahorrar el 100% del salario y mantener valores constantes; en Núñez y Palermo el m² de ~US$3392 arroja un precio de ~US$169.600 (unos $240,8 millones) y demanda alrededor de 19 años de ingresos; en Villa del Parque, con m² en US$2281, la unidad valdría US$114.050 (unos $161,9 millones) y exige algo más de 12 años; y en Villa Lugano, el más barato del relevamiento con US$1058/m², la unidad sale US$52.900 (unos $75,1 millones) y pide cerca de 6 años de salario promedio (datos: Zonaprop y La Nación, cruzados con INDEC). Estas cifras ilustran que, aun cuando la relación ingreso/precio mejore levemente, el umbral de acceso sigue siendo prohibitivo para la mayoría si no hay instrumentos financieros y oferta de vivienda a precios moderados.
¿Qué políticas públicas ayudarían a cerrar la brecha?
Desde la lente fiscal y social que defendemos, la solución pasa por tres ejes: primero, crédito hipotecario accesible y sostenido en el tiempo, con tasas y plazos que permitan razonables cuotas/income ratios; segundo, una política de oferta dirigida —incentivos a desarrollo de vivienda de escala media y social, control de suelos y revisión de imposiciones que encarecen la construcción—; tercero, paritarias y salarios que le ganen a la inflación para que el poder de compra real no se erosione (recordemos: exigimos salarios que superen la inflación). Los datos muestran que solo mejorar la estadística salarial no alcanza si los precios se mantienen dolarizados y el crédito es marginal; por eso también exigimos transparencia en las cifras oficiales y en las propuestas de acceso a la vivienda, y que cualquier plan se financie con partidas claras en el presupuesto provincial y nacional. Sin esas condiciones, la promesa de acceso se queda en un titular.
Para terminar, la simulación vuelve a poner en evidencia una contradicción recurrente: la mejora relativa en la relación precio-salario es buena noticia, pero no es suficiente sin política pública que transforme esa ventaja en acceso efectivo; de lo contrario, seguimos midiendo esperanza en años de salario, no en metros cuadrados habitables por hogar.