El Banco Central plantea que solo cuando la inflación muestre una baja sostenida liberará pesos: en lo que va del año la base monetaria se redujo 5,2% y la circulación cayó 6,3%, datos que el propio organismo presenta como explicación para postergar la remonetización (según el BCRA).

¿Qué dice el BCRA y qué significan sus cifras?

El comunicado del IPOM sostiene que la inflación debería desacelerarse por la reversión de factores estacionales y shocks transitorios, y que esa mejora permitiría que la oferta de dinero acompañe la recuperación de la demanda real. Los números que cita el BCRA son concretos: compras de reservas por alrededor de US$7.800 millones y, sin embargo, una base monetaria que bajó 5,2% en lo que va del año y una circulación monetaria que cayó 6,3% hasta el 8 de mayo (según el BCRA). Además, el M2 privado transaccional registró una contracción promedio mensual de 1,6% en el primer cuatrimestre, medida a precios constantes y estacionalidad ajustada (IPOM, BCRA). Esos desvíos —el organismo habla de un “segundo desvío” por debajo del escenario proyectado en diciembre— explican por qué la entidad evita expandir liquidez hasta ver señales de demanda de dinero.

¿Cómo impacta esto en la economía real de Santa Fe?

La restricción de pesos no es neutra para una provincia donde el empleo público y las paritarias mueven consumo local. Menos circulación reduce ventas minoristas y la recaudación que alimenta transferencias y obra pública. En Santa Fe, donde exigimos transparencia fiscal y recomposición salarial que le gane a la inflación, una remonetización condicionada significa que los salarios públicos y docentes seguirán bajo presión si la inflación no baja en serio. La contracción del M2 de 1,6% promedio mensual en el primer cuatrimestre (BCRA) implica menor demanda transaccional: eso se traduce en menos actividad para comercios y pymes locales, y en riesgo de que las paritarias pierdan frente a precios. En ese escenario, la provincia debe priorizar transferencias focalizadas y sostener empleo para evitar una caída más profunda del consumo.

¿Se puede “soltar pesos” sin correr riesgo inflacionario?

El BCRA argumenta que una política monetaria restrictiva y disciplina fiscal reducen el riesgo de efectos de segunda ronda, lo que habilitaría la compra de divisas y una posterior expansión monetaria controlada (según el IPOM del BCRA). La lógica es coherente en abstracto: primero estabilizar expectativas, luego acompañar la demanda de dinero. El problema práctico es la incertidumbre externa —especialmente precios de combustibles— que el propio BCRA reconoce como factor de riesgo. Si la inflación subyacente no cae sostenidamente, aumentar la liquidez puede reactivar la inflación. Por eso insistimos en dos prioridades: 1) transparencia fiscal para que cada peso nuevo tenga respaldo presupuestario claro; 2) que las paritarias y la política salarial provincial busquen recomponer poder adquisitivo respecto a la inflación, no remarcar metas irreales.

Qué debería hacer la provincia ahora

Frente a un BCRA que condiciona la remonetización, la estrategia provincial debe combinar prudencia fiscal y protección social. Primero, garantizar transparencia en partidas y destinos del gasto para que la ciudadanía y la Legislatura vean cómo se administra cada peso (principio que defendemos siempre). Segundo, focalizar transferencias y sostener el salario público y docente hasta que las paritarias recuperen poder de compra; si la demanda de dinero sigue baja, la principal palanca contra la recesión es el ingreso de los hogares. Tercero, coordinar con Nación monitoreando la evolución del M2 y la base monetaria y exigiendo reglas claras de financiamiento. Finalmente, mantener canales de diálogo con cámaras de comercio y sindicatos para diseñar medidas temporales que mitiguen la caída del consumo sin abrir una vía rápida a la inflación.

La agenda es simple y exigente: sin baja clara y sostenida de la inflación no habrá espacio para una expansión monetaria segura; mientras tanto, Santa Fe debe proteger salarios y transparencia fiscal para sostener la economía real.