En 2025 se confirmaron 46.613 casos de sífilis en la Argentina, un aumento sostenido que representa un 71% más que la media de 2020 a 2024, según el último Boletín Epidemiológico Nacional. La cifra se suma a la advertencia de especialistas: hay un 20% más de casos respecto al año anterior, y el incremento se observa sobre todo entre adultos jóvenes. Vemos una enfermedad que vuelve a ocupar un lugar central en salud pública: curable y prevenible, pero en expansión por fallas en la prevención y el diagnóstico.

¿Quiénes están en riesgo?

La ginecóloga Julieta Vera, del Hospital Italiano, puntualiza que la franja más afectada es la de 19 a 39 años: “el segmento de adultos jóvenes sexualmente activos”. Ese dato apunta a prácticas sexuales sin protección y a brechas en el acceso o la adherencia a la prevención. Además, el infectólogo Juan Carlos Cisneros, del Hospital Muñiz, señaló que el 35% de los nuevos diagnósticos de HIV también dieron positivo para sífilis, un dato que subraya la interrelación entre infecciones de transmisión sexual (ITS). En términos prácticos, la edad y las redes de contacto sexual explican parte de la expansión, pero también pesa la falta de tamizaje oportuno: con un simple análisis de sangre se pueden detectar sífilis, HIV y hepatitis B, como recuerdan los especialistas.

Por qué subió: diagnóstico, conductas y barreras

Los especialistas coinciden en varios nudos: primero, la enfermedad puede pasar inadvertida porque a menudo no es dolorosa o tiene síntomas leves en etapas iniciales; segundo, hay abandono relativo del uso de preservativos según observaciones clínicas y encuestas; tercero, existen barreras en el vínculo médico-paciente que dificultan la prevención. Cisneros hizo un repaso histórico: entre la década de 1990 y 2005 no se registraban más de 10.000 casos anuales, y al 2025 la cifra supera los 40.000, una transformación epidemiológica importante. A ello se suma que la detección temprana cayó durante años por priorización fragmentada de recursos en atención primaria. Los datos muestran que la herramienta más costo-efectiva sigue siendo el preservativo y el tamizaje sistemático en consultorios y centros comunitarios.

¿Qué puede hacer el Estado y el sistema de salud?

La respuesta requiere medidas combinadas: reforzar la disponibilidad de pruebas rápidas y serologías en centros de atención primaria, garantizar suministro de penicilina G y protocolos de tratamiento, y campañas de información dirigidas a jóvenes. Exigimos presencia estatal sostenida en salud pública: investigación transparente, acompañamiento a las personas afectadas y políticas preventivas integrales. En términos concretos, el Boletín Epidemiológico Nacional es la base para priorizar intervenciones locales donde la incidencia creció más del promedio nacional; se necesita además formación para personal de salud sobre tamizaje y tratamiento. En embarazadas la intervención es crucial: la transmisión vertical puede causar muerte fetal o enfermedad grave en el recién nacido, pero si la madre se trata a tiempo la infección se cura y se evita la afectación neonatal.

Qué debe saber la gente y cómo actuar

La buena noticia es que la sífilis es tratable: una inyección de penicilina G en estadios tempranos suele curarla. Por eso insistimos en tres pasos claros: 1) usar preservativo en todas las relaciones de riesgo; 2) hacerse el análisis de sangre que tamiza sífilis, HIV y hepatitis B ante cualquier duda; 3) acudir al servicio de salud si hay úlceras genitales o si la mujer está embarazada. Las cifras del Boletín y las observaciones clínicas —46.613 casos en 2025 y 20% más que en 2024, según especialistas— obligan a pasar del alerta a la acción: prevención, diagnóstico oportuno y tratamiento garantizado.

En la cobertura de este tema priorizamos la voz de los profesionales y los datos oficiales; insistimos en que la salud pública es un derecho y que la política debe asegurar recursos permanentes para evitar que enfermedades prevenibles vuelvan a crecer.