La furia de Mariano Soso contra el árbitro Bryan Ferreyra por un penal revisado por VAR dejó el partido en Florencio Varela empastado y volvió a poner en el centro del debate la transparencia del sistema de revisiones (La Nación, 13/3/2026).

¿Qué pasó en Florencio Varela?

En el Estadio de Defensa y Justicia la acción que cambió el final llegó a 12 minutos del cierre, cuando una revisión desde Ezeiza terminó en penal para Central Córdoba y en la igualdad definitiva, un hecho que detonó la reacción del técnico local (La Nación, 13/3/2026). El partido ya había vivido golpes y decisiones firmes: a los 21 minutos del segundo tiempo un ingresado fue expulsado por una plancha y la acción fue confirmada tras la intervención del VAR, lo que demuestra que las mismas herramientas pueden generar sanciones y, minutos después, controversias por otras jugadas (La Nación, 13/3/2026). Además, antes del penal discutido existió una jugada que muchos vieron como posible penal para Defensa y Justicia y que no fue revisada por el VAR, lo que aumentó la sensación de arbitrariedad entre jugadores y cuerpo técnico.

El VAR y la acumulación de sospechas: ¿es un problema del sistema o de las personas?

No es sólo un escándalo puntual: el árbitro central ya estuvo en el ojo de la tormenta el 24 de enero, en una jugada confusa que ocurrió a los 34 minutos de aquel partido y que generó dudas similares sobre criterios y consistencia (La Nación, 13/3/2026). En esta Apertura la primera controversia relevante apareció en el segundo día, en el noveno partido del certamen, según la crónica, y eso obliga a comparar el inicio actual con el Clausura anterior, que fue calificado por varios actores como un torneo cargado de sospechas; la sensación pública es que no hubo mejora perceptible entre temporadas (La Nación, 13/3/2026). Cuando el conflicto se repite con los mismos protagonistas y en días distintos, la pregunta deja de ser retórica: estamos frente a fallas en el protocolo de revisión, a un entrenamiento insuficiente de los operarios del VAR o a problemas de gobernanza en los organismos que designan y controlan a los árbitros.

Qué pedimos: planificación, protocolos claros y rendición

Reclamamos planificación y transparencia en la aplicación del VAR y en la formación arbitral, con registros públicos de cada intervención y de los criterios seguidos en cada revisión, porque la opacidad alimenta sospechas y confrontaciones en los vestuarios y en las tribunas. Pedimos además cronogramas de auditoría independientes y la publicación periódica de estadísticas detalladas sobre intervenciones del VAR: cuántas revisiones se hicieron por jornada, cuántas modificaron decisiones in situ y el tiempo promedio de cada revisión, datos que deben acompañar cada certamen para que la sociedad pueda comparar evolución versus torneos previos. También solicitamos protocolos claros para la intervención del cuarto juez y límites precisos a las reacciones de cuerpos técnicos y planteles para evitar incidentes en el campo que pongan en riesgo la seguridad. Finalmente, reclamamos mecanismos de rendición de cuentas: si un árbitro acumula decisiones controvertidas en cortos plazos, debe explicarse públicamente qué controles se activaron y qué sanciones, si las hubo, se aplicaron, manteniendo siempre la presunción de buena fe hasta que una investigación pruebe lo contrario.

Con hechos como los descritos por La Nación (13/3/2026) —la jugada a 12 minutos del final, la expulsión a los 21 y el antecedente del 24/1— no basta el enojo en caliente; necesitamos instituciones que prevengan la sospecha y procedimientos que la disipen, no que la alimenten. Reclamamos, como ya lo hemos hecho en otros temas del fútbol y la organización deportiva, planificación, transparencia y coordinación entre Liga, clubes y operadores del VAR para proteger a hinchas y jugadores y para que las decisiones sean verificables y coherentes temporada tras temporada.