El Concejo Municipal de Rosario está evaluando un proyecto para peatonalizar calle Jujuy, entre Oroño y Alvear, los segundos y terceros domingos de cada mes con el objetivo de consolidar un circuito cultural en el barrio Pichincha (según el proyecto presentado al Concejo Municipal). Esta propuesta busca convertir un tramo histórico en un espacio para ferias de diseño, intervenciones artísticas y actividades para la familia, formalizando una práctica que el colectivo Rosario Diseña viene realizando desde hace más de una década (según Rosario Diseña).
¿Qué propone exactamente?
La iniciativa plantea el cierre del tránsito en Jujuy entre Oroño y Alvear los segundos y terceros domingos de cada mes, y la firma de un convenio público-privado que fije fechas, horarios, formato y condiciones de uso del espacio público (según el proyecto presentado al Concejo Municipal). Rosario Diseña indica que sus encuentros reúnen a más de 80 marcas por edición, seleccionadas por originalidad y calidad (según Rosario Diseña). Formalizar esos cortes implica regular logística, limpieza, seguridad, carga y descarga, y responsabilidades entre el municipio, los comerciantes y los organizadores.
Creemos que la propuesta no es un invento: es la institucionalización de una práctica que ya funciona en forma intermitente. Antes la feria ocurría de manera más ocasional y dependiente del trabajo voluntario del colectivo; ahora la idea es darle previsibilidad, lo que obliga a regulaciones claras y a evaluaciones de impacto urbano.
¿Cómo impacta esto en el barrio y en la economía creativa?
En términos urbanos, peatonalizar un tramo como Jujuy puede aumentar el flujo peatonal, la visibilidad de emprendimientos locales y la ocupación del espacio público por actividades culturales. Para el sector creativo, la previsibilidad es clave: según Rosario Diseña, cada edición reúne a más de 80 marcas, lo que implica una cadena de valor que va desde proveedores hasta logística, y genera ingresos directos para emprendedores locales (según Rosario Diseña). Además, sumar estas ferias a la agenda cultural semanal puede potenciar el turismo barrial y la demanda en gastronomía y comercio.
Sin embargo, hay que medir efectos reales: es necesario contar con indicadores de afluencia, ventas promedio por puesto y cambios en la circulación vehicular. Pedimos que el convenio incluya metas medibles y plazos para evaluación (por ejemplo, informes trimestrales) para comparar la actividad mes a mes y año a año y no depender solo de apreciaciones cualitativas.
¿Qué riesgos existen y qué reglas deberíamos exigir?
Los principales riesgos son la falta de previsibilidad para residentes y comerciantes, la externalización de costos (limpieza, seguridad) al municipio, y la posibilidad de que el espacio sea apropiado por intereses privados sin control ciudadano. Un convenio público-privado debe fijar responsabilidades explícitas: quién financia la infraestructura temporal, quién responde por el retiro de residuos, cómo se garantizan accesos para emergencias y cómo se seleccionan los participantes.
Reclamamos transparencia en la selección de marcas y montos, mecanismos de rendición de cuentas y participación vecinal. También proponemos indicadores mínimos: número de puestos por edición, volumen de residuos recolectados, y un registro de incidentes para comparar frente a eventos anteriores. Sin esos números no hay forma de saber si la medida beneficia al barrio o solo a una porción.
Perspectiva y cierre: ¿por qué nos importa y qué pedimos?
Nos importa porque Pichincha no es solo un punto en el mapa: es un barrio con identidad y actividad económica que merece políticas públicas cuidadas. La peatonalización propuesta busca fortalecer la economía creativa y el encuentro vecinal; nosotros acompañamos la intención siempre que venga con planificación, reglas claras y control público. Apoyar la cultura de base no implica sacrificar la convivencia: requiere convenios con metas, evaluación periódica y transparencia en el uso del espacio público.
En resumen: la iniciativa parte de una práctica consolidada por Rosario Diseña (más de 10 años y más de 80 marcas por edición, según Rosario Diseña) y puede sumar valor a Pichincha si el Concejo y el Ejecutivo garantizan previsibilidad y controles. Reclamamos un convenio público-privado con obligaciones explícitas para todos los actores, instrumentos de rendición de cuentas y participación vecinal antes de convertir el paseo en norma permanente.