El concejal Federico Lifschitz pidió revisar y, si corresponde, revertir las modificaciones implementadas en Boulevard Oroño entre 27 de Febrero y Montevideo, argumentando que la intervención hizo al Boulevard “dejar de funcionar como vía rápida” (implementación reportada el 27/2/2026; nota publicada el 19/3/2026, El Ciudadano). Desde la fecha de la obra hasta la publicación han pasado 20 días, un lapso corto pero suficiente —según el concejal— para observar cambios en la operación vial (El Ciudadano, 19/3/2026).
¿Qué pasó en Oroño y por qué importa?
Boulevard Oroño no es una calle cualquiera: atraviesa sectores con colegios, sanatorios e instituciones que requieren accesos ágiles y previsibles. La intervención señalada por Lifschitz, según la crónica, incluyó modificaciones en el estacionamiento y la colocación de elementos en la calzada a la altura del Parque Independencia (El Ciudadano, 19/3/2026). Lo que pedimos es simple: antes de decidir si la vía debe conservar su nueva configuración o volver a la anterior, necesitamos datos. Proponemos medir la velocidad promedio en hora pico, el tiempo medio de recorrido entre 27 de Febrero y Montevideo y la frecuencia de detenciones de transporte público y vehículos de emergencia. Comparar indicadores previos al 27/2/2026 y posteriores permitirá saber si la fluidez cayó, se mantuvo o mejoró, y en qué magnitud; sin esos números, cualquier juicio será político más que técnico.
¿Los pretiles mejoran la seguridad o complican la movilidad urbana?
Los pretiles de caucho se instalaron para evitar el estacionamiento indebido en ochavas, una medida con objetivo legítimo: mejorar visibilidad en cruces y reducir conflictos entre peatones y autos (El Ciudadano, 19/3/2026). Sin embargo, la misma nota recoge que su presencia generó maniobras difíciles, especialmente para colectivos del Transporte Urbano de Pasajeros, y demoras en la circulación. Ahí es donde debemos separar la intención de los resultados: una política vial debe evaluarse por sus efectos reales sobre seguridad y movilidad. Reclamamos un estudio que cuantifique cambios en incidentes en esquinas con pretiles, variación en tiempos de recorrido para unidades de gran porte y percepción de los vecinos. Sólo así se puede decidir si continuar, reubicar o retirar pretiles sin sacrificar ni la seguridad ni la accesibilidad.
Qué pedimos al municipio y cómo medirlo con criterios técnicos
La solicitud formal al Ejecutivo municipal que menciona Lifschitz debe complementarse con una batería mínima de estudios: conteos de flujo vehicular por hora, medición de velocidad media, tiempos de viaje en hora pico y off-peak, y evaluación del radio de giro de vehículos pesados en cruces afectados. Además, proponemos comparar esos resultados con el período anterior a la intervención (pre-27/2/2026) para tener una comparación temporal válida. Es imprescindible incluir a Transporte Urbano de Pasajeros y a servicios de emergencia en las pruebas de maniobrabilidad. Si la evidencia muestra que la fluidez cayó y la inseguridad aumentó, corresponde revertir o ajustar; si, en cambio, mejora la seguridad peatonal sin impacto significativo en tiempos, hay que sostener la medida. Pedimos transparencia: los datos del estudio deben ser públicos y presentados en el Concejo para que la decisión no sea sólo política sino técnica.
Cerramos con una convicción territorial: la ciudad no puede decidir sobre su espacio público con opiniones encontradas sin datos. Reclamamos planificación y transparencia en cada cambio vial, porque las calles son patrimonio colectivo y sus decisiones afectan la vida cotidiana de miles de rosarinos cada día (El Ciudadano, 19/3/2026).