La canción oficial del Mundial 2026, “Dai Dai” de Shakira con Burna Boy, disparó búsquedas relacionadas con su estribillo y despertó interés por aprender palabras en otros idiomas, según un estudio de la plataforma Preply citado por El Colombiano. Antes del lanzamiento el término “dai dai” tenía un promedio diario de 33 puntos de interés y, una semana después, llegó a 67 puntos, con un pico de 100 el 8 de mayo, según Preply. Ese salto es la base para analizar cómo un hit global puede traducirse en demanda educativa.

¿Qué muestran los datos?

Los números que difunde Preply son claros: 33 puntos de interés promedio diario antes del estreno, 67 una semana después y un pico de 100 el 8 de mayo (fuente: estudio de Preply citado en El Colombiano). En Google Trends, la escala 0–100 expresa el máximo relativo de búsquedas en el período analizado; un 100 no es un conteo absoluto, pero sí indica el mayor interés registrado localmente o globalmente.

Además, el estribillo incorpora palabras en cinco idiomas —italiano, japonés, español, francés e inglés— y usa un ritmo afrobeat que expone sonidos y frases repetidas, un factor clave para la memorización, según el propio análisis de la pieza publicado por el medio local. Estos datos permiten comparar el antes y después inmediato del lanzamiento y cuantificar el efecto mediático.

¿Por qué empujan las canciones a aprender idiomas?

La música funciona como gancho: la exposición repetida, la melodía y la asociación emocional facilitan la retención de palabras nuevas. En este caso, el estribillo repite frases cortas en 5 idiomas, lo que baja la barrera de entrada para quien quiere repetir una palabra simple en otro idioma. Además, la participación de artistas y grupos de distintos lugares —Shakira (Colombia), Burna Boy (Nigeria) y los Ghetto Kids de Uganda— amplía la atracción internacional de la pieza y la vuelve viral.

El pico de búsquedas una semana después del estreno (de 33 a 67 puntos) ilustra la rapidez del fenómeno. Vemos que el interés no es sólo anecdótico: la música puede activar curiosidad lingüística en segmentos amplios de la población, desde adolescentes hasta adultos que consumen medios masivos, y generar demandas puntuales a plataformas y academias de idiomas.

¿Qué implicancias educativas y sociales tiene esto?

Un aumento de consultas por palabras o cursos de idiomas no se resuelve solo con oferta comercial. Observamos que estos picos requieren políticas públicas que los capitalicen: campañas educativas, materiales accesibles y programas en escuelas y bibliotecas públicas. Si el interés sube de forma repentina —como muestra el pico de 100 puntos—, sin intervención estatal muchas familias recurrirán a soluciones pagas y se ampliará la brecha educativa.

La propia artista anunció que donará los ingresos derivados de la pieza para colaborar con niños en situación de vulnerabilidad y por el acceso a la educación, según Noticias Argentinas. Ese gesto pone el foco en la posibilidad de articular cultura, responsabilidad social y políticas educativas para que el impulso cultural no se quede en una búsqueda pasajera sino que se traduzca en oportunidades reales.

¿Cómo impacta esto en la Argentina?

En la Argentina, donde hay demanda sostenida por el aprendizaje de inglés y otros idiomas, estos fenómenos globales llegan como oportunidades: pueden aumentar inscripciones en cursos privados y búsquedas en plataformas online. También generan preguntas sobre equidad: si la escuela pública no ofrece respuestas, el acceso quedará en manos de quienes pueden pagar.

Además, el hecho de que la canción involucre artistas y bailarines de al menos 2 continentes (América y África) abre la puerta a proyectos de intercambio cultural en clubes, escuelas y centros culturales. Nosotros creemos que el Estado debe facilitar y profesionalizar iniciativas que aprovechen ese interés pasajero para mejorar la oferta educativa, tal como exigimos en otras demandas por presencia estatal sostenida en ámbitos sociales. Sin datos oficiales locales recientes sobre inscripciones en cursos, vemos esta tendencia como una señal para articular cultura y educación pública antes de que el pico se diluya.