El 52% de los adolescentes de 15 años en Argentina no sabe qué elegir como profesión futura, según el informe de Argentinos por la Educación basado en PISA 2022 (según Argentinos por la Educación, PISA 2022). Este porcentaje sube la pregunta obligada sobre qué papel deben jugar la escuela, la familia y el Estado en la orientación vocacional, especialmente en contextos sociales vulnerables. Observamos además que esa incertidumbre creció 30 puntos porcentuales entre 2018 y 2022, al pasar del 22% al 52% (comparación 2018 vs 2022, Argentinos por la Educación). A partir de esos números, proponemos mirar el fenómeno con lentes territoriales, sociales e institucionales.

¿Qué muestran los datos y por qué importa?

Los números no son neutros: la concentración de aspiraciones y la brecha entre grupos sociales explican parte del problema estructural. El 60% de los estudiantes menciona sólo diez ocupaciones principales, contra un promedio internacional del 44% (Argentinos por la Educación, PISA 2022), lo que indica una oferta imaginada muy restringida. Además, los varones manifestaron mayor incertidumbre que las mujeres, 55% frente a 48% respectivamente (Argentinos por la Educación, PISA 2022), y esas diferencias se combinan con patrones socioeconómicos que acotan posibilidades reales. Para nosotros esto no es sólo una cuestión psicológica: revela cómo la desigualdad de información, la falta de experiencias laborales tempranas y la concentración mediática de opciones parecen empobrecer el horizonte vocacional de los jóvenes.

¿A quiénes afecta más la incertidumbre vocacional?

La incertidumbre no se distribuye de igual manera: el 59% de los estudiantes del quintil más pobre no puede identificar una ocupación futura, frente al 39% del quintil más alto, una brecha de 20 puntos (Argentinos por la Educación, PISA 2022). Esa diferencia se replica cuando cruzamos con aprendizajes: el 56% de quienes no alcanzan niveles mínimos en Matemática presenta incertidumbre vocacional, contra el 38% entre quienes sí alcanzan esos aprendizajes básicos (Argentinos por la Educación, PISA 2022). Vemos así una doble penalización territorial y educativa: los chicos de barrios con menos recursos no solo aprenden menos en la escuela, sino que además carecen de herramientas para imaginar trayectorias laborales viables. Desde nuestra lente territorial, eso requiere presencia estatal donde los chicos viven, trabajan y transitan la escuela.

Cómo pueden acompañar la familia y la escuela

Acompañar no es dar soluciones prontas, sino abrir experiencias y reducir la presión sobre una decisión absoluta. La psicóloga Victoria Peralta sugirió en Cada Día (El Tres) transformar la pregunta de qué vas a ser en preguntas cotidianas como qué te gusta hacer hoy y facilitar salidas a espacios de trabajo reales para ver las tareas concretas (Cada Día, El Tres). En la práctica escolar esto implica incorporar rotaciones por talleres, pasantías y espacios de orientación técnica desde la secundaria, y que las familias dialoguen sobre hábitos digitales para identificar intereses recurrentes en los algoritmos que consumen los jóvenes. Estas medidas ayudan a que la elección sea un proceso construible y reversible, no una condena definitiva, y están sobre todo al alcance de políticas públicas con presupuesto y coordinación.

Una agenda estatal y territorial necesaria

No alcanza con buenas intenciones: se necesitan políticas que integren orientación vocacional, formación técnica y vinculación con empleadores y organizaciones comunitarias. Exigimos presencia estatal territorial en las escuelas y barrios para garantizar programas de orientación desde la primaria, formación docente en asesoramiento vocacional y circuitos de pasantías para jóvenes (propuesta programática basada en evidencias de PISA y estudios nacionales). También proponemos que los programas prioricen barrios con mayores brechas: los datos muestran dónde intervenir primero (Argentinos por la Educación, PISA 2022). Sin estas medidas, la sobreabundancia informativa y las promesas digitales seguirán generando frustración en chicos que no ven rutas claras hacia un trabajo digno y cercano.