La biotecnología argentina agrupa 340 empresas y generó US$1.323 millones en ventas en 2022, pero la caída sostenida de la inversión pública amenaza convertir esa potencia científica en fuga de talento y estancamiento comercial (Primer Censo Biotecnológico y Nanotecnológico, 2023; Grupo EPC-Ciicti, 2026).

¿De qué tamaño y qué calidad hablamos?

El sector combina escala y capacidades técnicas verificables: 340 empresas biotecnológicas y 41 nanotecnológicas, alrededor de 20.000 empleos totales y más de 2.000 personas dedicadas exclusivamente a I+D (Primer Censo Biotecnológico y Nanotecnológico, 2023). Las firmas operan 146 plantas productivas, más del 60% certificadas bajo buenas prácticas de manufactura y un 27% preparadas para exportar con normativa internacional (Primer Censo, 2023). En 2022 las ventas del sector alcanzaron US$1.323 millones y las exportaciones US$216 millones, una base económica que permite pensar en escala si se estabilizan financiamiento y mercados (Primer Censo, 2023). Además, el 43% de las empresas tienen menos de siete años, lo que confirma un circuito emprendedor renovado apoyado por rondas de venture capital donde biotech representó más del 30% de las inversiones en 2024 (Arcap, 2024).

¿Qué fragiliza ese potencial?

El principal riesgo no es técnico sino financiero e institucional. Según el Grupo EPC-Ciicti, la ejecución de la Función Ciencia y Tecnología cayó 11,4% en el primer bimestre de 2026 y, de mantenerse la tendencia, el presupuesto público acumularía un retroceso del 50,6% respecto de 2023; en 2024 y 2025 ya se registraron caídas del 30,2% y 18% respectivamente (Grupo EPC-Ciicti, 2026). El informe advierte que organismos clave como Conicet, INTA, CNEA e INTI podrían perder entre 37 y 65 puntos reales en tres años, un impacto directo sobre salarios, becas y proyectos de investigación (Grupo EPC-Ciicti, 2026). En ese contexto las startups enfrentan mayor riesgo de sobrevivencia y los investigadores consideran migrar a países vecinos con planes más definidos (declaraciones de referentes del sector, La Nación, 26/4/2026).

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La biotecnología no es una actividad de nicho: conecta con el agro, la salud, la industria y servicios de alto valor agregado. En 2022 el sector generó US$216 millones en exportaciones, cifra aún modesta frente al potencial de agregación de valor en commodities (Primer Censo, 2023). Casos privados como Beeflow, que ya opera en Estados Unidos y varios países de Latinoamérica, e Inmunova, con 35 empleados directos y una red de 500 colaboradores en distintos países, muestran que la internacionalización es viable y que la escala global exige inversión sostenida y capacidades regulatorias (La Nación, 26/4/2026). Un informe de McKinsey citado por el sector sugiere que hasta el 60% de insumos físicos podrían llegar a producirse vía procesos biológicos y que cerca del 30% de la carga de enfermedades podría abordarse con soluciones biotecnológicas (McKinsey, reporte global), lo que subraya la oportunidad económica si el país mantiene capacidades industriales y científicas.

Qué pedimos: prioridades para no perder la ola

Vemos tres prioridades claras. Primero, revertir la caída en la ejecución pública de ciencia y tecnología: no es suficiente prometer; hace falta un plan quinquenal con metas presupuestarias explícitas y auditoría independiente de partidas (Grupo EPC-Ciicti, 2026). Segundo, professionalizar y transparentar las oficinas de transferencia tecnológica en universidades e institutos para que el conocimiento llegue al mercado con contratos claros y procesos competitivos (recomendación sectorial, La Nación, 26/4/2026). Tercero, crear mecanismos de cofinanciación público-privada para etapas de escala (puentes de serie A/B), incentivos fiscales temporales para exportadoras de alto valor y, sobre todo, medidas para retener talento mediante salarios competitivos y becas vinculadas a objetivos de transferencia. Sin estas decisiones, el dinamismo emprendedor que vemos —43% de firmas con menos de siete años— corre el riesgo de chocar con la restricción fiscal y la pérdida de capital humano (Primer Censo, 2023; Grupo EPC-Ciicti, 2026).

En definitiva, la Argentina tiene recursos científicos, biodiversidad y casos de éxito exportable; lo que falta es convertir ese capital en una política pública sostenible, transparente y orientada a resultados económicos y sociales concretos. Sin claridad presupuestaria y sin reglas de juego estables, gran parte de ese potencial quedará en buenos proyectos que nunca logran escalar.