Miles de personas se movilizaron el 3 de junio en las inmediaciones del Congreso en la marcha convocada por Ni Una Menos, que a 11 años de la primera movilización reclamó “vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. El acto central, programado para las 17, comenzó finalmente a las 18:30, según la cobertura de El Ciudadano y C5N. En el documento leído en Plaza de Mayo las organizaciones exigieron justicia por Agostina Vega, adolescente de 14 años, y pidieron medidas frente al retroceso en políticas de género.

¿Qué planteó el documento y qué demandas llevaron a la calle?

Las organizaciones que integran Ni Una Menos presentaron un texto con consignas claras: “¡Contra el ajuste sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, vivas, libres y desendeudadas nos queremos!”. El documento repudió los femicidios recientes —entre ellos Agostina Vega (14), Dulce Candia y Noelia Romero— y sostuvo que “entre el 3 de junio de 2015 y el 24 de mayo de 2026 se registraron al menos 3.205 víctimas letales de violencia de género”, dato consignado por las organizaciones en el propio texto. La lectura incluyó pedidos concretos: renuncia del ministro de Seguridad Juan Pablo Quinteros y la destitución de los fiscales señalados por “desidia organizada” del Poder Judicial. También reclamaron la plena implementación de la Ley de Aborto, la Educación Sexual Integral (ESI) y el reconocimiento del trabajo comunitario en barrios populares.

Lente institucional: ¿qué señalan sobre el Estado y las políticas públicas?

El documento denunció un “antifeminismo de Estado” y el vaciamiento de las políticas de género desde la gestión actual. Según la lectura, “la mayoría de los gobiernos provinciales, en complicidad con el Gobierno Nacional, retiraron o vaciaron sus políticas públicas en materia de género”; esa afirmación fue parte del pronunciamiento público de las organizaciones. Desde nuestra perspectiva, la protesta mezcla dos reclamos inseparables: demanda de justicia por casos concretos y reclamo por políticas públicas sostenidas. En términos temporales, la movilización llega 11 años después del primer Ni Una Menos (3 de junio de 2015) y presenta un dato acumulado —3.205 víctimas hasta mayo de 2026— que funciona como espejo: las consignas de 2015 siguen vigentes y se entrelazan ahora con denuncias por retrocesos en presupuesto y programas.

Lente social: quiénes sufren y qué dicen las voces de la calle

La movilización no fue solo un acto simbólico: agrupaciones de madres protectoras, sobrevivientes y trabajadoras comunitarias ocuparon las plazas con carteles y micrófonos. La consigna “No hay falsas denuncias, faltan denuncias” cuestionó el proyecto parlamentario sobre “falsas denuncias” impulsado por la senadora Carolina Losada, que el documento consideró un intento de silenciar a las víctimas. En las intervenciones se puso énfasis en la atención integral: acompañamiento a niñas, niños y adolescentes en los tribunales; respuesta en salud mental; protección efectiva. Para muchas familias, la exigencia no es solo castigo para agresores sino presencia estatal que prevenga y garantice reparación —una demanda que coincide con nuestra posición previa: exigimos presencia estatal sostenida en investigación, acompañamiento a las familias y políticas preventivas integrales contra la violencia de género.

¿Qué sigue después de la marcha y cuáles son los debates abiertos?

La jornada cerró con el llamado a sostener la organización territorial: trabajo comunitario en barrios populares, ESI en las escuelas y la aplicación plena de derechos reproductivos. Además del reclamo judicial, el texto advirtió sobre la criminalización de las denuncias y pidió que se priorice la protección de niñas y adolescentes víctimas. Desde la mirada territorial que defendemos, esto implica políticas sostén: presupuestos estables, programas comunitarios con continuidad y formación en las instituciones que reciben denuncias. Las cifras que presentó el movimiento —3.205 víctimas en 11 años— no solo son números; son familias que piden respuestas. Hasta que la protección y la prevención sean rutina, la movilización seguirá siendo una herramienta para visibilizar lo que falta.