La calma relativa en los mercados globales convive con señales de tensión específicas para Argentina: menor volatilidad en Wall Street pero un spread soberano que se ajustó al alza y compras de reservas muy aceleradas por parte del BCRA. Según reportes de mercado, el VIX cayó de 31 a fines de marzo a 17 hace unas semanas y rebotó a 19 recientemente (Cboe/La Nación). Al mismo tiempo, el EMBI argentino comprimió 119 puntos básicos hasta 518 pbs y luego subió a 559 pbs (EMBI/J.P. Morgan, informado por La Nación). Estas cifras resumen una paz global condicionada y una incertidumbre local que sigue muy visible.
¿Qué pasó con la calma en los mercados globales?
Vemos una recomposición del apetito por riesgo global: el índice de volatilidad VIX retrocedió desde picos de 31 a niveles cercanos a 17-19, y los principales índices de EEUU marcaron máximos nominales esta semana (S&P 500 y Nasdaq). Estos movimientos reflejan dos fuerzas: por un lado, la percepción de que un conflicto en Medio Oriente puede prolongarse pero no escalonar más; por otro, flujos de liquidez que buscan activos de riesgo antes de las elecciones de noviembre en EE. UU. (fuente: La Nación; VIX, Cboe). Esta menor volatilidad global suele favorecer a los países emergentes, pero el efecto depende de la percepción de riesgo soberano y de la posición externa de cada país.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
La señal externa no se traduce automáticamente en descompresión para Argentina. Observamos que el EMBI, tras caer por el pricing de un fin de conflicto, rebotó a 559 pbs —una corrección que el mercado justificó por datos locales más débiles de actividad y confianza (EMBI/J.P. Morgan via La Nación). Además, la confianza del consumidor medida por la UTDT cayó 5,7% mensual en abril y acumula -14,9% en tres meses (UTDT). La actividad económica (EMAE) registró una caída mensual desestacionalizada de 2,6% en febrero, con -2,2% en el primer bimestre (INDEC). Es decir: flujos externos más benignos pueden convivir con peores expectativas internas, y eso condiciona la tasa y el spread que exige el mercado por el riesgo argentino.
Riesgos fiscales y de financiamiento hacia 2027
Aquí entra lo fiscal: el reporte recuerda que el pago de julio por US$4.200 millones estaría cubierto con colocaciones locales y un crédito con bancos privados garantizado por multilaterales por US$3.000 millones (La Nación). Pero la gran incógnita es la brecha de financiamiento de Tesoro y BCRA de US$23.000 millones prevista para 2027. Mientras, el BCRA compró US$665 millones al jueves y acumula US$2.300 millones en abril; si se mantiene el ritmo, abril superaría los US$3.000 millones, el mayor saldo desde abril de 2024 (datos informados por el BCRA y reportados por La Nación). Ese volumen exige transparencia: ¿con qué horizonte y con qué contrapartes se financian estas compras? El riesgo es que la acumulación de reservas sea efectista si no va acompañada de un plan creíble para cerrar la brecha 2027.
Qué debería exigirse: transparencia, horizonte y salarios
Desde nuestra perspectiva, exigimos claridad técnica sobre las compras de reservas y el calendario de financiamiento del Tesoro. Pedimos auditorías independientes o informes detallados con contrapartes, montos y condiciones, porque la sostenibilidad fiscal es un dato objetivo que impacta en la vida cotidiana. Además, la caída de la confianza y de la actividad (UTDT e INDEC) obliga a políticas que protejan el salario real: sin recuperación del poder adquisitivo no habrá reactivación del consumo durable ni mejora sostenida del empleo privado. En suma, la baja global de volatilidad es una oportunidad; pero para que beneficie a los argentinos se necesita una estrategia fiscal transparente y medidas que apoyen salarios y pymes, como hemos planteado en notas previas sobre economía y paritarias.