Miguel Kiguel propone que el Banco Central compre dólares “lo más agresivamente que uno pueda” en el segundo trimestre para fortalecer reservas antes del tercer trimestre, que históricamente es más exigente por turismo y cuenta de capital; en la entrevista dijo que el déficit corriente de 2025 fue “un poquito más del 1% del PBI” y que el promedio de inflación en los últimos 18 meses es 2,6% (Miguel Kiguel, La Nación, 26/4/2026).
¿Por qué comprar dólares ahora?
Kiguel apela a la estacionalidad: energía, soja y maíz suelen concentrar dólares entre abril y junio, lo que crea una ventana para acumular reservas sin presionar el tipo de cambio, y por eso afirma que “en esta época deberían comprar más fuerte” (La Nación, 26/4/2026). Además añade que el país cerró 2025 con un déficit corriente de algo más del 1% del PBI —un número que, si se confirma en estadísticas oficiales, explica la prudencia— y que la inflación mostró episodios de alta volatilidad (mencionó picos de 1,5% en meses anteriores). Comprar en estos meses podría reducir la exposición en el tercer trimestre, cuando el turismo y la cuenta de capital suelen deteriorarse. Pero comprar no es un objetivo en sí: importa con qué reglas y con qué destino se consolidan esas divisas.
¿Qué alcance y qué límites tienen estas compras del BCRA?
Kiguel reconoce un cambio de política desde enero y sostiene que las reservas “están para quedarse” si la estrategia es de largo plazo (La Nación, 26/4/2026). También advierte que el país tiene mucha deuda en dólares y repos de corto plazo, y que idealmente se debería mejorar el perfil de vencimientos, pasando a plazos de “cuatro o cinco años” para reducir rollover. En su diagnóstico menciona que el riesgo país se ubica unos 200 puntos por encima de pares percibidos como similares, que están cerca de 330 puntos —una referencia a percepciones de mercado sobre la prima de riesgo— (La Nación, 26/4/2026). En la práctica, esto limita cuánto puede comprar el BCRA sin generar expectativas de futura venta o uso discrecional de reservas.
Riesgos en el segundo semestre: turismo, deuda y cuenta de capital
Kiguel advierte que el tercer trimestre es históricamente el más difícil por turismo y por cambios en la cuenta de capital, y que si el tipo de cambio se aprecia demasiado ahora, la reversión puede ser dolorosa. Señaló además que la deuda en repos es muy corta y que el país necesita dotarse de plazos más largos para evitar tensiones de rollover en 2027 (La Nación, 26/4/2026). Otro riesgo es que las compras se perciban como destinadas a financiar gasto electoral o a sostener un tipo de cambio artificial; en ese caso, la confianza se erosiona y el beneficio de corto plazo se pierde. Por eso, además de volumen de compras, importa la comunicación, la regla de intervención y la señal sobre el uso final de esas reservas.
Qué deberíamos exigir: transparencia y uso productivo de las divisas
La recomendación técnica de comprar en el segundo trimestre puede ser sensata desde la lógica macro, pero nuestra evaluación fiscal e institucional exige condiciones: 1) transparencia absoluta sobre montos comprados y contrapartes, con reportes públicos periódicos; 2) auditoría independiente que verifique que las compras no se operan para cubrir vencimientos fiscales de corto plazo ni para fines electorales; 3) un marco de política que explique si las reservas serán “para quedarse” o si habrá reglas de desinversión; y 4) coordinar esa estrategia con el uso productivo de pesos/dólares en instrumentos como el FGS, siempre con controles externos. En línea con nuestra postura previa, exigimos que cualquier maniobra con reservas venga acompañada de rendición técnica y de mecanismos que prioricen salarios, pymes y estabilidad real para que la mejora macro llegue al consumo y al empleo.