En marzo la actividad económica registró un crecimiento interanual de 5,5% y avanzó 3,5% respecto a febrero en la serie desestacionalizada, según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) publicado por el INDEC. En el acumulado enero-marzo la economía suma un aumento de 1,7% interanual, y el nivel de marzo es el mejor desde junio de 2025, según la misma fuente. Estos tres números —+5,5% interanual, +3,5% mensual desestacionalizado y +1,7% acumulado — son el punto de partida para evaluar si el repunte es estructural o coyuntural.
¿Qué sectores estuvieron detrás del rebote?
La suba del EMAE en marzo fue tironeada por actividades vinculadas al sector externo y a la producción de bienes básicos. De acuerdo al INDEC, agricultura, ganadería, caza y silvicultura creció 17,9% interanual; explotación de minas y canteras, 16,3%; y la industria manufacturera, 4,6%. Juntos, agro y minería —más la industria— aportaron 2,7 puntos porcentuales al crecimiento interanual, y 14 de los 15 rubros elevaron su nivel respecto a marzo de 2025 (solo administración pública y defensa retrocedió -1,2%), según el INDEC. También se observaron picos muy altos en pesca (+30,9%) y en impuestos netos de subsidios (+6,5%). Estos números revelan una recuperación con fuerte componente de sectores exportadores y de materias primas, que suelen ser más volátiles frente a precios internacionales y condiciones climáticas.
¿Cómo impacta esto en el mercado laboral y el bolsillo de la gente?
Un crecimiento concentrado en agro y minas no implica automáticamente mejora en el salario real ni en el empleo urbano. El INDEC muestra que sectores vinculados al consumo doméstico —hoteles y restaurantes (+0,9%), comercio mayorista y minorista (+2,2%), servicios personales (+0,8%)— crecieron mucho menos que el agro o la minería. Además, la caída de la actividad vinculada a la administración pública (-1,2%) pesa sobre los salarios del sector y sobre la demanda local. En nuestra lectura, una recuperación sana necesita que industria y comercio sostengan el dinamismo para que los ingresos laborales y la recaudación fiscal acompañen. Repetimos una exigencia previa: la transparencia fiscal es imprescindible para entender si este rebote se traduce en recursos reales para salarios y políticas sociales; sin datos claros del gobierno nacional sobre partidas y métricas, la interpretación queda incompleta.
¿Es sostenible el repunte y qué riesgos aparecen para la política económica?
El principal riesgo es la dependencia de factores externos. Si la mejora se explica por subas de precios internacionales o por cosechas puntuales, un shock en commodities o una mala campaña agrícola revertirían el resultado. El propio Ministerio de Economía anticipó un repunte, pero los datos muestran heterogeneidad: IPI manufacturero desestacionalizado subió 3,2% y 5% interanual, mientras que la construcción mostró 12,7% interanual, según declaraciones públicas citadas junto al EMAE. A nivel macro, mantenemos la advertencia que venimos sosteniendo: una política cambiaria que mantenga el tipo de cambio artificialmente bajo puede socavar la competitividad industrial y convertir un rebote en una corrección temporal; sobre esto hemos escrito antes en relación al riesgo del “dólar planchado” (Álvarez Agis y el riesgo del ‘dólar planchado’).
Políticamente, el gobierno aprovechará esta cifra positiva en la narrativa, pero lo que importa para el votante y para las provincias es la duración del crecimiento y su distribución. Provincias con fuerte estructura agroexportadora como Santa Fe se benefician más de rendimientos y precios internacionales, pero eso no asegura que los ingresos lleguen parejos a trabajadores, pymes y municipios. Seguiremos exigiendo datos detallados del INDEC y del Ministerio de Economía sobre composición del crecimiento, empleos creados y efecto fiscal, porque un buen número mensual no reemplaza una política económica transparente y sostenible.