El Gobierno nacional eliminó la prohibición sobre la venta de vapeadores, bolsitas de nicotina y tabaco calentado y autorizó su comercialización si están debidamente registrados, según la resolución conjunta publicada en el Boletín Oficial el 4 de mayo de 2026. La norma obliga a empresas e importadores a declarar la composición, cumplir estándares de calidad, asegurar trazabilidad y someterse a controles de la Anmat; además prohíbe el uso de saborizantes en los líquidos para vapear.

¿Qué cambia con la nueva regulación?

La decisión reúne a los ministerios de Salud y Economía, a la Anmat y a la Jefatura de Gabinete y pretende formalizar un mercado que el Gobierno describe como dominado por el contrabando y la informalidad. La norma crea un registro obligatorio y establece límites para ingredientes, concentración de nicotina y sustancias prohibidas; también incorpora exigencias de trazabilidad para poder fiscalizar y sancionar. Desde Economía se enfatiza que los productos pasarán a tributar con esquemas diferenciados según categoría, lo que, según la cartera, terminaría con circuitos no declarados. Esta regulación llega después de más de una década de prohibición, por lo que modifica el marco legal vigente y traza responsabilidades nuevas para productores y controladores. El texto oficial plantea que, sin control, no hay estándares ni garantías para los consumidores.

¿Cómo impacta esto en la salud pública y en los jóvenes?

El debate central es sanitario. Según la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas (Sedronar), en la encuesta 2025 el 35,5% de estudiantes de 13, 15 y 17 años reportó consumo de cigarrillos electrónicos; el dato fue incluido por primera vez en la serie nacional, por lo que no hay comparables directos en la propia encuesta anteriores. Un relevamiento del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes) en cuatro ciudades encontró 36,7% de uso de cigarrillos electrónicos y 3,4% de uso de bolsitas de nicotina en jóvenes de 12 a 17 años, y además señaló que 12,5% probaría las bolsitas y 41,4% probaría el vapeo si un amigo se lo propone. En términos de mortalidad, las estimaciones locales citadas por autoridades y organizaciones de salud hablan de alrededor de 45.000 muertes anuales por enfermedades relacionadas con el tabaco, lo que representaría aproximadamente 14% del total de fallecimientos, según datos oficiales y estudios sectoriales. La normativa elimina saborizantes, una medida orientada a reducir el atractivo entre chicos, pero formalizar el mercado no zafa a las autoridades de diseñar campañas de prevención, controles en la venta y políticas territoriales de salud focalizadas en escuelas y centros comunitarios.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino y qué controles hacen falta?

El argumento económico del Ejecutivo es ordenar un circuito que hoy opera en la clandestinidad, incorporando productos al sistema fiscal y reduciendo el contrabando. Formalizar implica que Anmat y Aduana puedan auditar orígenes y composición, y que la AFIP pueda gravar ventas que antes no tributaban. El Estado afirma además que la medida puede reducir la exposición de terceros al humo del cigarrillo tradicional y facilitar la transición de fumadores adultos a alternativas con menor daño comprobado en algunos contextos internacionales. Sin embargo, para que la formalización sea efectiva hacen falta recursos: laboratorios para verificar etiquetas, presencia policial y sanitaria en puntos de venta, controles en ferias y comercios y campañas de comunicación dirigidas a pibes y pibas. Vemos que sin datos abiertos y control territorial la medida corre el riesgo de replicar desigualdades: barrios con menor fiscalización seguirán siendo puerta de entrada para productos ilegales y peligrosos.

Para cerrar, la decisión cambia el marco legal y ofrece herramientas nuevas al Estado, pero no resuelve por sí sola el problema de fondo. Exigimos que la implementación vaya acompañada de datos abiertos, programas de prevención en escuelas, controles de trazabilidad y un plan territorial de salud que priorice a jóvenes y barrios vulnerables. Sin esas medidas, regularizar puede significar simplemente desplazar riesgos en lugar de reducirlos.