La economía argentina muestra una recuperación desigual: mientras el consumo privado agregado alcanzó un máximo histórico al cierre de 2025 según el INDEC, el consumo masivo registra una caída de 5,1% interanual en marzo de 2026 según Scentia, y sectores decisivos para el mercado interno aún no consolidan su repunte.

¿El consumo está en su pico o en declive?

Las cifras dicen dos cosas a la vez. Según el INDEC y la lectura de Equilibra, el consumo privado agregado está por encima del nivel previo a la asunción del gobierno (Equilibra indica aproximadamente 6% por encima del tercer trimestre de 2023), pero esa recuperación es heterogénea por canal y por geografía. El consumo masivo, medido por Scentia, cayó 5,1% interanual en marzo y acumuló una baja de 3,1% en el primer trimestre de 2026; las ventas en supermercados permanecen cerca de 11% por debajo de enero de 2023 (Scentia). Al mismo tiempo, el e-commerce crece: Abeceb reportó un aumento de 31,3% en marzo y ya concentra cerca del 25% de ventas en las empresas líderes. La conclusión práctica: el agregado es real pero no es sinónimo de recuperación generalizada. Desde nuestro lente fiscal y social, ese crecimiento debe traducirse en mayor poder de compra real y estabilidad para pymes y comercios locales.

¿Qué pasa con el empleo y los salarios?

Los registros oficiales del SIPA muestran 12.878.900 trabajadores registrados en febrero de 2026 frente a 13.323.500 en noviembre de 2023, una diferencia de 477.600 puestos registrados menos (Secretaría de Trabajo, SIPA/ARCA). La composición cambia: el sector privado asalariado se redujo en cerca de 200.000 personas según Empiria, mientras que aumentaron monotributistas e informales; el propio gobierno señaló la creación de 630.000 puestos informales e independientes frente a una caída de 222.000 formales en los dos últimos años (Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, declaraciones públicas). Equilibra detalla además que la tasa de desempleo subió de 5,7% a 7,5%, y que el ingreso registrado en conjunto está 2,4% por debajo de noviembre de 2023, con pérdida relativa mayor entre empleados públicos y jubilados de la mínima. Desde nuestro orden de análisis pedimos coherencia: una apertura que no genere empleo formal ni salarios que le ganen a la inflación no es un triunfo. Las paritarias y la negociación salarial deben recuperar poder de compra, condición innegociable para que la recuperación sea socialmente sostenible.

Reservas, dólar e importaciones: ¿se cerraron los dilemas?

La normalización del comercio exterior es palpable pero genera tensiones. En 2025 las importaciones alcanzaron US$75.792 millones, un aumento de 24,7% interanual explicado sobre todo por mayores cantidades (+30,5%), aunque el máximo anual en dólares fue 2022 con US$81.522 millones (Abeceb). En el primer cuatrimestre de 2026 las cantidades importadas cayeron 6,4% interanual, y los bienes de consumo explican cerca del 16% del total (datos privados y de consultoras citadas). En el frente cambiario, el dólar oficial cotizaba cerca de $1420, con una baja de 4,1% en lo que va del año mientras la inflación acumulada en el primer cuatrimestre fue 12,3% (BCRA, INDEC). El Banco Central compró US$8.702 millones en 2026 y el acuerdo con el FMI fija una meta de +US$8.000 millones para el año; sin embargo, las reservas netas del mercado rondan US$2.200 millones y siguen siendo frágiles (BCRA, mercado). Nuestra lectura fiscal y monetaria es consistente con lo que venimos sosteniendo: apoyamos la acumulación de reservas y una apertura orientada a exportaciones, pero exigimos transparencia en las compras, un mix macroeconómico que no dependa exclusivamente del tipo de cambio nominal como ancla, y medidas que conviertan mayor comercio en inversión y empleo.

El dato que une todos los debates es la heterogeneidad: crecimiento concentrado en agro, energía y minería, y restricción en construcción, comercio e industria. Esa disparidad exige prioridades claras: transparencia fiscal para verificar de dónde sale cada peso de gasto o subsidio; vigilancia del impacto de la apertura sobre pymes; y una agenda de políticas activas que transforme exportaciones y compras externas en trabajo formal y salarios reales. Apoyamos la reforma fiscal y la integración internacional cuando se traducen en empleo y mejores ingresos. Si no, los datos serán un maquillaje estadístico y la gestión se medirá por resultados, no por titulares.